Vigo no es para mí una ciudad cualquiera. En ella nací y crecí. También en ella conocí al amor de mi vida y criamos a nuestros hijos. Y, aunque hoy la vida me haya llevado a vivir en otro lugar (a poco más de media hora), sigo sintiéndome viguesa de corazón.
Conozco sus calles, sus rincones y sus playas. También esos lugares que quizá pasan desapercibidos para quien llega por primera vez o para quien no es de Vigo.
Por eso, esta no quiere ser una guía más de Vigo, sino una forma de enseñaros la ciudad desde mi propia mirada. Desde la de alguien que la ha recorrido durante años y que todavía sigue descubriendo rincones que merecen ser contados.

Vigo
Vigo tiene 109,06 km² de extensión y 295.735 habitantes. Es una ciudad grande y diversa, pero quizá una de sus mayores particularidades sea precisamente esa mezcla de ciudad, mar, monte y parroquias.
Recorrerla significa descubrir paisajes muy diferentes sin salir de su propio término municipal. Es puerto, ría e islas Cíes. Son playas, las calles del Casco Vello, los mercados, los parques y los miradores.

Y también esos lugares que quizá no aparecen en las primeras páginas de una guía, pero que forman parte de la ciudad que yo conozco.
Aquí quiero reunir todo lo que merece la pena ver y descubrir en Vigo. Desde sus lugares más conocidos hasta sus rincones menos evidentes, sus playas, rutas, espacios naturales, patrimonio, barrios, miradores y lugares para disfrutar en familia.
Pero Vigo también es sus gentes.

VIGO ES SUS GENTES
Porque una ciudad no son solamente sus calles, sus edificios o sus paisajes. Son las personas que viven en ella, las que trabajan, las que tienen negocios o las que llenan sus plazas, mercados o playas. Son también quienes, generación tras generación, han ido dando forma a la ciudad.
Y para conocer ese Vigo hay que recorrer también sus barrios y parroquias. Hay que hacerlo desde el Casco Vello, O Berbés, el Centro, Príncipe, Areal, Churruca… hasta O Calvario, Lavadores, Teis, Cabral, Candeán, Castrelos, Sárdoma o Freixeiro.
Más allá encontramos Coia, Bouzas, Alcabre, Navia, Comesaña, Matamá, Beade, Bembrive, Valladares, Zamáns, Saiáns, Oia y Coruxo. Cada uno tiene su propia personalidad y forma parte de ese Vigo que quiero enseñaros.

Cada uno tiene su propia personalidad, sus calles, sus plazas, sus comercios y sus fiestas. También sus historias y, sobre todo, sus vecinos. Algunos conservan ese aire de antiguo núcleo marinero. Otros crecieron con la expansión de la ciudad y todavía mantienen una relación muy estrecha con el monte, los caminos y las antiguas parroquias.
Porque Vigo no es una sola ciudad, sino muchas ciudades dentro de una misma ciudad.

La Guia turística de una Viguesa
Y para descubrirla, yo empezaría por el corazón de la ciudad.
El Casco Vello de Vigo
El Casco Vello de Vigo es uno de esos lugares por los que merece la pena perderse sin demasiadas prisas. Os recomiendo visitar también A Pedra y el antiguo barrio de O Berbés.
Pero Vigo también está en esos lugares que forman parte de la vida cotidiana de la ciudad. Pasear por la calle Príncipe, atravesar A Porta do Sol o detenerse ante El Sireno son pequeños recorridos que forman parte de la vida viguesa.
También podemos acercarnos a La Farola, contemplar Los Caballos en la Praza de España o recorrer las Avenidas junto a El Nadador y Julio Verne. En Praza de América nos espera Porta do Atlántico, mientras que en Samil encontramos El Rapto de Europa.
Y todavía quedan otros rincones, como el Monumento al Trabajo o el Monumento a los Galeones. Porque las esculturas también forman parte del paisaje y de la memoria de Vigo.

Porque si algo quiero transmitir en esta guía es que Vigo no es solo una ciudad para visitar, sino una ciudad para vivir.
EL MONTE DE O CASTRO Y SU FORTALEZA
El Monte de O Castro es uno de esos lugares que forman parte de la identidad de Vigo. Está en pleno corazón de la ciudad y aun así, cuando caminas por sus zonas verdes parece que el ruido queda un poco más lejos.
En lo alto está la Fortaleza y a sus Poblado Castrexo de O Castro, porque bajo la ciudad moderna existe otra Vigo mucho más antigua.

Desde el mirador de la fortaleza las vistas sobre la ría son preciosas y, si tienes tiempo, merece la pena recorrer el monte sin prisas.
CASTRELOS, EL PAZO Y EL RÍO LAGARES
El Parque de Castrelos es otro de esos lugares que no deberían faltar en una visita.
Es un espacio enorme para pasear, descansar y disfrutar del río Lagares, pero además guarda uno de los grandes tesoros patrimoniales de la ciudad: el Pazo de Castrelos o Pazo Quiñones de León.

El río Lagares atraviesa este paisaje y continúa su camino hasta encontrarse con el mar, pasando por lugares tan interesantes como la Xunqueira do Lagares y las Salinas de A Rabadeiras, donde la naturaleza nos recuerda la importancia que tuvieron estos espacios húmedos en la historia del territorio.

Y siguiendo el río aparecen también dos pequeños tesoros de piedra: el Puente de Castrelos y el Puente de Sárdoma, antiguos pasos que todavía hoy forman parte del paisaje del Lagares.

Pazo de San Roque
Muy cerca de este Vigo de pazos y jardines encontramos también el Pazo de San Roque, otro rincón en el que patrimonio y naturaleza se dan la mano. Sus jardines y su entorno nos permiten descubrir una cara más tranquila de la ciudad y continuar este recorrido por lugares que nos cuentan cómo fue creciendo Vigo.

VIGO TAMBIÉN ES NATURALEZA
Hay una Vigo que muchas personas que vienen de fuera quizá no esperan encontrar.
Es la Vigo de Bembrive, Zamáns, Candeán, Coruxo, Saiáns y otras parroquias donde la ciudad deja paso a caminos, bosques y montes.
En Bembrive podemos acercarnos a la Iglesia de Santiago de Bembrive, un pequeño templo románico rodeado de una parroquia que conserva numerosas huellas de su pasado. Muy cerca podemos comenzar la Senda del río Eifonso, un recorrido en el que el agua, los árboles y los antiguos elementos etnográficos nos muestran una cara mucho más tranquila de Vigo.

Y por esta zona encontramos también la Fervenza de Bouzafría, la Fervenza do Xalón y el Parque Forestal do Pouso, además del Parque do Galleiro-Chans.
Es una de esas zonas en las que merece la pena olvidarse del reloj.
MOLINOS, RÍOS Y CAMINOS ANTIGUOS
El agua ha sido fundamental para entender la historia de Galicia y Vigo no es una excepción.
En diferentes puntos del municipio todavía podemos encontrar antiguos molinos que nos hablan de una época en la que los ríos eran parte esencial de la vida cotidiana. Están los Muíños de Xeme, los Muíños do Pouso, los Muíños do Estea y los Muíños do Vilaza, además del conjunto de Molinos naviculares del Alto da Medoña, en Saiáns.

Y si quieres juntar naturaleza, patrimonio y un paseo agradable, apunta el Roteiro Etnográfico de Zamáns. La ruta sigue el río Vilaza y permite descubrir varios molinos restaurados mientras caminamos junto al agua.
También podemos acercarnos al conjunto del Muíño das Maquias y de Seoane, situado a los pies del Galiñeiro y junto al embalse de Zamáns. Otra de mis recomendaciones es acercarse hasta el Embalse porque allí la ciudad parece quedar bastante lejos y el paisaje cambia completamente.

LOS MONTES DE VIGO
Desde esta zona podemos descubrir también el Monte dos Pozos, el Monte Alba y el Monte Cepudo, grandes balcones naturales desde los que contemplar el paisaje de Vigo y su entorno. El Monte Alba y el Cepudo forman prácticamente un mismo macizo y son dos lugares muy queridos por quienes disfrutan de caminar y de buscar buenas panorámicas.

Y al otro lado de la ciudad encontramos A Madroa, otro de esos lugares desde los que Vigo se abre ante nuestros ojos. Su mirador nos regala una perspectiva diferente de la ría, de la ciudad y de las montañas que la rodean. Es precisamente esa variedad de paisajes lo que hace tan especial a Vigo, podemos estar junto al mar y, en pocos minutos, encontrarnos en plena naturaleza, contemplando la ciudad desde las alturas.

Y si seguimos hacia el sur aparece la Serra do Galiñeiro, un gran espacio montañoso que se extiende por varios municipios y que nos recuerda que Vigo no termina en sus calles. Y allí se esconde un tesoro, una cueva «A Cova da Becha»
CASTROS, PETROGLIFOS Y PIEDRAS QUE HABLAN
Hay otra forma de conocer Vigo es buscando sus piedras antiguas.
En Bembrive podemos acercarnos al Castro de Xestoso o de Pouso, mientras que en Saiáns encontramos el Castro del Alto da Medoña o Castro de Estea. Son lugares que nos permiten imaginar cómo era este territorio antes de la ciudad que conocemos actualmente.
Y todavía hay más.

En Coruxo encontramos la Pedra Moura de Fragoselo, mientras que en Sárdoma podemos descubrir el Petroglifo de A Laxe de Sárdoma. También están los Petroglifos del Alto da Bandeira, en Saiáns, desde donde además podemos disfrutar de unas preciosas vistas sobre la costa.
Y en Candeán encontramos el Dolmen de Candeán o Casa dos Mouros, otro de esos lugares que nos llevan muchísimo más atrás en el tiempo.

UNA VIGO DE PEQUEÑAS HISTORIAS
También me gusta descubrir esos lugares que quizá no aparecen entre las primeras cosas que busca quien visita Vigo.
Las Casas da Fraga, por ejemplo, conservan los restos de un antiguo poblado en Bembrive, cerca del nacimiento del Eifonso. Y el Cruceiro de Cacheno, uno de los más curiosos de Galicia ya que hace de rotonda, también en Bembrive.

En la ciudad encontramos además pequeñas capillas como la Capilla de San Cibrán o dos Ramallos y la Capilla del Carmen de O Vao, ligada a las fiestas y romerías de esta zona.
A GUÍA, LA ETEA Y EL MAR
Y volvemos al mar.
Porque Vigo puede tener montes, ríos y bosques, pero su corazón sigue latiendo junto a la ría.
El Faro y Punta de A Guía es uno de esos lugares que forman parte de la silueta de Vigo. El monte se adentra en la ría y desde allí podemos contemplar una perspectiva preciosa del litoral y de la ciudad. Arriba se encuentra también la Iglesia de Nosa Señora da Guía.

A sus pies encontramos el Parque y paseo de la ETEA, un espacio que conserva la memoria de las antiguas instalaciones militares, y el Paseo del Borde Marítimo del Monte de A Guía, perfecto para caminar junto al agua.

Y sí, también podemos encontrar pequeñas playas en esta zona, como A Lagoa, A Punta, Ríos de Dentro y la playa de la ETEA o de Ríos de Fora. Algunas son pequeñas y otras tienen una historia muy ligada a las antiguas instalaciones de la zona.
LAS PLAYAS DE VIGO
Y llegamos a una de las grandes protagonistas de la ciudad.
Las playas de Vigo. Aquí sí que podríamos pasar horas, porque la costa viguesa está llena de arenales y pequeñas calas, algunas muy conocidas y otras que incluso pueden resultar desconocidas para quienes viven en la propia ciudad.

Está la enorme y popular playa de Samil, pero también O Vao, Canido, Serral, O Baluarte, A Calzoa o As Barcas, A Fontaiña o de la Sirenita, A Sobreira, A Buraca, Santa Baia, O Tombo do Gato, O Cocho, O Cocho das Dornas, A Espedrigada, Carril o playa de Alcabre, Argazada, Os Muíños de Fortiñón, As Fontes, O Portiño y muchas otras pequeñas playas y calas repartidas por el litoral.
Cada una tiene su propio paisaje.

O Vao mira hacia la isla de Toralla; Canido nos regala otra perspectiva de esta parte de la costa; O Baluarte es una pequeña cala escondida entre arenales mayores. A Calzoa conserva ese carácter de pequeño rincón marinero; y O Tombo do Gato, después de Samil, es uno de esos arenales que forman parte de los paseos junto al mar que tantos vigueses hemos hecho alguna vez.

CABO ESTAI Y LA COSTA HACIA OIA
Y si seguimos recorriendo la costa llegamos a Cabo Estai, uno de los puntos más occidentales del municipio de Vigo. Aquí la sensación es diferente. La ciudad queda más atrás y el paisaje se abre hacia el océano.
El viaje continua y podemos subir hacia los Montes de Coruxo, acercarnos al Alto da Bandeira, buscar sus petroglifos y terminar el recorrido contemplando la costa desde arriba.

Y FRENTE A TODO ESTO, LAS ISLAS CÍES
Y entonces, cuando crees que ya has recorrido Vigo de arriba abajo, levantas la vista y allí están ellas.
Las islas Cíes.
Frente a la ciudad, formando parte del paisaje de la ría, las Cíes son uno de esos lugares que hacen que Vigo tenga una relación especial con el mar. Sus playas, sus senderos y sus paisajes son una invitación a salir de la ciudad y adentrarse en el Atlántico.

Puente de Rande
Pero la ría guarda muchos más paisajes e historias. Rande es otro de esos lugares que no podía dejar fuera, con su estrecho, su puente y la silueta de la ría extendiéndose a su alrededor. Desde Vigo, mirar hacia Rande es también mirar hacia una parte fundamental de nuestra historia y de ese paisaje marinero que tanto identifica a la ciudad.

Porque para mí el mar de Vigo no termina en la línea de costa. Está en las Cíes, en Rande y en toda esa ría que llevo mirando desde siempre y que, aun después de tantos años, sigue formando parte de la imagen de Vigo que llevo dentro.
Vigo también tiene historias que merece la pena descubrir bajo techo.

MUSEOS DE VIGO
Y si hablamos de patrimonio ligado al mar, hay un lugar que no puede faltar. El Museo do Mar de Galicia, instalado en las antiguas instalaciones de una fábrica de conservas y del antiguo matadero de Alcabre. Su ubicación, junto al mar, hace que la visita tenga todavía más sentido.

Y lo bonito es que aquí la historia no está solo dentro del museo: en su entorno podemos acercarnos también al Castro da Punta do Muíño do Vento, uno de los antiguos asentamientos de Vigo. Después podemos continuar el paseo junto a la ría y acercarnos a O Cocho, Santa Baia.. enlazando cultura, patrimonio y mar en un mismo recorrido.
Y si seguimos recorriendo la costa, llegamos hasta la Villa romana de Toralla, en la Finca Mirambell, uno de esos lugares que nos permiten viajar muchos siglos atrás sin alejarnos de la ciudad. Aquí aparecen las huellas de la presencia romana y de aquella relación tan estrecha que siempre existió entre Vigo y el mar.

Su ubicación, junto a la ría y frente a las islas Cíes, hace que la visita tenga además un atractivo especial. Es uno de esos rincones donde historia y paisaje se encuentran y que nos recuerdan que, bajo el Vigo que conocemos hoy, existe una ciudad con una historia mucho más antigua.
VIGO INDUSTRIAL. UNA CIUDAD HECHA DE TRABAJO Y MAR
Pero Vigo también es industria. Una parte fundamental de la ciudad se ha construido alrededor del trabajo, del puerto y del mar. La presencia de Citroën, hoy Stellantis, marcó profundamente la historia reciente de Vigo y convirtió la automoción en uno de los grandes motores económicos de la ciudad. A su alrededor crecieron barrios, familias y muchas historias de generaciones que encontraron aquí su forma de vida.

Y si hablamos de industria viguesa, es imposible olvidarnos de los astilleros, porque el vínculo de Vigo con la construcción naval viene de mucho antes y sigue estando ligado a su paisaje y a su identidad. Desde la ría se entiende perfectamente esa relación entre ciudad, industria y mar que hace que Vigo sea tan particular.
Es ese Vigo que quizá no aparece siempre en las primeras fotografías turísticas, pero que para mí resulta imprescindible para entender la ciudad. El Vigo trabajador, industrial y marinero, el que creció mirando al mar y que convirtió su puerto y su industria en parte de su propia historia.

MI VIGO
Podría seguir hablando de Vigo durante páginas y páginas, porque esta ciudad tiene muchísimos rincones y cada uno guarda algo.
Podría llevarte de nuevo al centro, bajar al puerto, recorrer sus calles, volver a una playa, subir a un monte, seguir un río o perderme por una de sus parroquias.
Pero creo que esa es precisamente la mejor manera de conocer Vigo, sin intentar verlo todo de golpe.
Porque Vigo no es solamente lo que aparece en las guías.Vigo también es todo aquello que vas encontrando cuando decides mirar un poco más allá. Y esta página nace precisamente para eso, para enseñarte mi Vigo, el Vigo que conozco, el que he vivido y el que todavía sigo descubriendo.
Bienvenidos a Vigo, mi Vigo. Y logicamente no puedo terminar la entrada sin sus luces!

Y hay algo que no puede faltar si nombras Vigo, es «la Navidad de Vigo».
Porque cuando llega diciembre la ciudad cambia por completo y sus calles se llenan de luces y visitantes. Las luces de Navidad se han convertido ya en parte de la imagen de Vigo y vivir la ciudad en esas fechas es una experiencia diferente.
Contemplarla desde el mar, embarcada en el barco de la Navidad, «O barco do Nadal» es una experiencia que no puedes perderte.
