San Xoán de Mosteiro, conjunto etnográfico | GALICIA MÁXICA


Existen valles en Galicia cuya orientación sur permite que estén resguardados de los fríos vientos del norte. El valle del río Alén, afluente del Tea, es uno de ellos. Esto permite que estos tengan una vegetación frondosa y en gran parte autóctona.

Nos encontramos en el valle del Río Alén, un hermoso lugar donde parece que el tiempo se ha detenido hace cientos de años. Bien vale dejar el coche en la carretera asfaltada para no deteriorar este paraje mágico. Lo primero que veremos es un cruceiro, el cual tiene unas inscripciones en la base. De telón de fondo, bajo una capa de frondosos carballos centenarios, se esconde la pequeña y sencilla capilla que construyó la inquisición a principios del siglo XVIII. El marco visual incluye un misterioso carballo seco o quizás roto por un rayo.. También podremos ver unos restos de muros, posiblemente de una antigua iglesia o de un monasterio. A la izquierda y sobre esta capilla, se erige una fuente barroca de piedra, de la que emana una naciente de agua fresca.

A los pies de esta nos llama la atención la forma de la senda que lo atraviesa; una calzada petrea con varios siglos encima. La calzada se adentra en ascendente en la frondosa fraga. Sobre las piedras de la vía, podremos observar las marcas de los carros hechas a lo largo de los siglos. Cuanto más pendiente, más profundos son los surcos. Paralelo al camino, pero en un nivel inferior, existe lo que parece otro camino estrecho abandonado, pero más llano. Tiene pinta de un viejo canal de agua que posiblemente diera servicio al entorno de la ermita, pues hasta allí parece llegar.

Continuamos por la calzada y esta comienza a bajar, veremos un mojón roto que parece señalizar algo. Podemos apreciar que el río está muy cerca y que el camino se dirige hacia a él. Pero, ¿cómo lo cruzaremos? No imaginamos el hermoso puente que vamos a atravesar. Tampoco logramos pensar como es que este puente ha permanecido inalterable y casi oculto durante varios siglos. Al mirar a nuestro alrededor, bien podríamos decir que estamos en un precioso decorado. Es aquí donde el color verde alcanza su máxima expresión. Miles de gamas y tonos de verde, mezclados con las cristalinas aguas del río y con la piedra del viejo puente, hacen de este lugar, un lugar incomparable y de insuperable belleza. De un sólo arco, este puente cruza el río continuando la calzada de piedra, que ahora comienza a ascender. El arco es muy ligeramente apuntado lo que nos podría llevar al tipo de puente del siglo XVIII, seguramente contemporáneo a la ermita.

Es probable que este carreiro y este puente fueran parte de una ruta de arrieiros que bien podría ir hasta Verducido, a Puente Anceu, en Fornelos de Montes. Aprovechando parte de la depresión que forma los valles del Alén y del Tea, puede que fuera la ruta escogida por los arrieiros de la zona de Mondariz, O de A Paradanta y diversas partes de O Condado limítrofes con el Miño, para llegar hasta Pontevedra o seguir más al norte. Debemos saber que en las zonas próximas a esta existen varios puentes del siglo XVIII lo que hacen pensar que fueron varias las rutas que aprovechaban los valles del Tea para su acceso al interior de Galicia para después dirigirse generalmente a la costa. Ejemplos de esto son los cercanos puentes de Portafurado y de Piñeiro sobre el Río Caraño, y el de Puente Abuíña y Puente de Fofe.

Poco a poco empezamos a ver restos de muros a ambos lados, hasta que el camino aunque continua, parace llegar a un destino; “a Fonte Santa”. Una fuente, escondida en la profundidad de la fraga, semejante a la que acabamos de ver junto a la capilla. Pero, nos llama la atención poderosamente, un dato; cientos de cruces de madera, piedra y palos se encuentran depositados en la misteriosa fuente.

Parece ser que la tradición cuenta que dejemos una cruz sobre la fuente y bebamos de esta agua, de la cual dicen que no cambia de temperatura en todo el año. Bebiendo, pediremos un deseo. Esta fuente fue sepultada por un deslizamiento de tierra que la mantuvo escondida largo tiempo. Fue redescubierta por el párroco y la señora Tita, que recordaba de niña este lugar. Tan misterioso lugar parece ocultar algún secreto y sobre todo el enigmático nombre del río Alén, el río del más allá.. Se habla de cuevas, ruinas, fuentes romanas, aquelarres, monasterios benedictinos… no es de extrañar por qué la inquisición hizo construir aquí una capilla en el siglo XVIII.

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