Castillo de Castro Laboreiro | GALICIA MÁXICA


Situado en pleno Parque nacional de Peneda-Gerês se encuentra el valle del río Laboreiro, afluente del Limia. Antaño entre frondosos bosques y ríos cristalinos, creció la población de Castro Laboreiro a los pies de un gigantesco y escarpado macizo rocoso que sobresale imponente sobre el valle. En su alto, a 1034 metros, se asentaron diversas civilizaciones y culturas.

Sabemos que albergó un poblado castrexo allá por el siglo VI a.c y que ya disponía de toscas murallas. Poco se puede apreciar de él pues posteriormente en el lugar se erigió una gran fortaleza medieval cuyo origen se pierde en el siglo X.

Antes de esto, algún historiador afirma que también los romanos hicieron uso de este lugar estratégico que vigilaba el paso entre los grandes valles del Miño y del Limia.

Del castillo medieval sabemos que era también denominado como Castelo de Castro Laboredo o incluso Leboredo y las primeras referencias se van al siglo X cuando se construyó por iniciativa de São Rosendo, “Governador del Val del Limia”, nieto de D. Hermenegildo, quién poseía estas tierras por donación de Alfonso III por haber vencido al rebelde Witiza.

Castelo de Castro Laboreiro, Portugal. Gravura, Duarte de Armas, “Livro das Fortalezas”, c. 1509, prancha 103.

Entre los siglos XII y XIII el castillo pasa de manos leonesas a portuguesas en un par de ocasiones por motivo de los enfrentamientos bélicos y la defensa de A Raia.

En el siglo XIII la fortaleza adquirió si configuración final y siguió siendo pieza clave en la defensa portuguesa antes el Reino de Castilla y en la Guerra da Restauração (s. XVII).

Al final de esta última guerra el castillo fue desprotegido y comenzó su decadencia. Sus piedras fueron aprovechadas en multitud de construcciones de la vecina localidad aunque antes en el XIX también participó en la lucha contra la invasión Napoleónica.

Hoy en día se conserva parte de las murallas exteriores y del recinto interior con sus puertas de arcos apuntados así como diversas bases cuadrangulares de antiguas estructuras y aljibes.

Existen dos formas para subir a la cima. Una de ellas aprovecha las rocas y menor pendiente del lado norte para ascender ayudado de barandillas y escaleras construidas en la propia roca y el otro de los accesos bordea el macizo y de una forma quizás menos peligrosa llega hasta el lado sur. Aunque menos espectacular recomendamos la subida por este último pues en nuestra visita el primer sendero estaba cerrado y la puerta de acceso también, por lo que tuvimos que dar vuelta y realizar la ruta alternativa.

Desde arriba gozaremos de la historia del lugar y de unas inigualables vistas de Parque Nacional de Peneda-Gerês. En el punto más alto veremos actualmente el vértice geodésico.

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