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Monasterio de San Xoán de Caaveiro | GALICIA MAXICA

Escondido en el corazón de las maravillosas y espectaculares Fragas do Eume se encuentra este antiguo y mágico cenobio. Mágico por su situación, envuelto por la espesura de un verdadero bosque autóctono, mágico por su historia, ya que sus piedras nos cuentan más de 10 siglos de legendarias y épicas aventuras.

Es sabido que los antiguos monjes buscaban lugares mágicos y alejados para poder construir sus centros de oración dedicados al retiro y a la contemplación. Lugares, que después de muchos siglos, tan sólo han llegado hasta nuestros días unos pocos. Prueba de ello es este fantástico monasterio.

El mejor acceso al cenobio se realiza por orillas del legendario Eume, envuelto de un intenso manto vegetal y agua en sus dos vertientes. Una vez crucemos “A Ponte de O Caaveiro”, comenzaremos una dura pero satisfactoria subida, ya que el lo alto de una loma rocosa y entre los valles del Eume y el Sesín se nos aparecerá como salido de la nada, el histórico monasterio benedictino de San Xoan de Caaveiro. Además del edificio, no podremos dejar de visitar el viejo molino y el antiquísimo puente de piedra que se localizan en los pies del río Sesín. Por supuesto que disfrutaremos de unas magníficas vistas del verde valle del Eume.

Este es uno de muchos lugares que deberían ser visitados al menos dos veces al año, en diferentes estaciones, debido al cambio cromático de la vegetación, que en época otoñal adquiere tonalidades ocres, pardas y rojizas y los árboles caducifolios pierden sus hojas que contrasta con el verde y frondoso manto de las épocas estivales. Podríamos considerar este lugar, por su situación y su historia, como una de las joyas de la región gallega. Es muy probable que anteriormente al templo, existiese una capilla de los primeros eremitas que se perdían por estas tierras en busca de la paz espiritual.

Monasterio de Caaveiro

En el siglo X, San Rosendo funda el monasterio, concretamente en el año 934. Alfonso VII dio un gran impulso al convento en el 1135, ya que otorgó el dominio de todas las tierras de los alrededores. A lo largo de los siglos fue adquiriendo importancia gracias de las donaciones de Alfonso III, Fernando II y Alfonso IX, hasta llegar al nivel de colegiata en el siglo XVII. En el siglo XIII el monasterio adopta la regla de los Sacerdotes Regulares de San Agustín que perduraría hasta 1806, cuando murió Miguel Mon, el último prior.

En el siglo XVIII, coincidiendo con la decadencia monacal, el cenobio pierde el nivel de colegiata y comienza aquí su declive que culminará con la desamortización del XIX.

El edificio principal data del siglo XII. Destaca su iglesia barroca construida sobre un escarpado rocoso. De admirar es su hermoso ábside semicircular con columnas adosadas y diversos canecillos. Llegó a tener dos iglesias, una de oración y otra de enterramientos. Fuera del recinto se mantienen dos dependencias actualmente restauradas. A finales de XIX y principios del XX el edificio fue parcialmente reconstruido gracias y por medio del propietario de las fincas donde se asentaba el templo (D. Pío García Espinosa). La reconstrucción se paralizó y volvió otra vez a la ruina. En 2006 el conjunto se abre al público.

El monasterio fue convertido Monumento histórico-artístico en 1975.

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