Monasterio de Samos

Monasterio de Samos

Este monasterio de de Samos se alza en uno de los puntos más significativos del Camino de Santiago. Escondido en lo más profundo del valle que forma el río Sarria, se construyó un pequeño monasterio cuya fundación se atribuye a San Martín de Dumio o también conocido como San Martín de Braga o Dumiense. Hablaríamos por lo tanto de los siglos V o VI, en pleno apogeo suevo. Es por eso que San Martín Dumiense también recibe el nombre de Apóstol de los Suevos.

Fachada de la iglesia de Samos

Sin embargo no tenemos nada escrito sobre el monasterio de Samos hasta el año 665, en una inscripción en los muros del claustro que menciona que fue reconstruido por el obispo de Lugo, Ermefredo. Tras la invasión musulmana el monasterio se abandonó hasta que a finales del siglo VIII recuperó otra vez la actividad, como lo demuestra el refugio de la viuda de Fruela I y de su hijo, Alfonso II el Casto, futuro rey de Asturias.

En el siglo X el monasterio de Samosadopta la regla de San Benito, tras ser expulsados los monjes que allí habitaban por orden de Don Ero, Obispo de Lugo.

Monasterio de Samos

En la Edad Media el cenobio de Samos adquirió una gran importancia debido al auge del Camino de Santiago que por aquí discurre. El conjunto sufrió un gran incendio en 1558. Tras la desamortización de Mendizabal en el 1836, el monasterio fue abandonado para que 50 años más tarde, en 1880, fuera recuperado por los benedictinos. En el siglo XX, en el año 1951 volvió a sufrir otro devastador incendio por lo que tuvo que ser nuevamente reconstruido.

Del conjunto arquitectónico destaca la iglesia abacial, de estilo barroco, que fue construida entre los años 1734 y 1748. Sus muros son de sillería granítica, en contra del resto del conjunto que se realiza en mampostería de pizarra. Tiene planta de cruz latina y tres naves. Su interior alberga una gran biblioteca que contiene más de 25.000 volúmenes, muchos de gran valor histórico. Sobresalen también los claustros de los siglos XVI y XVII llamados Claustro Pequeño y Claustro Grande. En el Pequeño, también conocido como el de las Nereidas, por su fuente central, contiene una curiosa inscripción en una de las claves de la bóveda que reza “¿Qué miras, bobo?

Muy cerca del monasterio de Samos se levanta la pequeña pero extraordinaria Capilla del Ciprés, con una antigüedad de más de mil años

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