Nos encontramos ante uno de los castros más representativos de Galicia, debido a que su imagen ha sido muy utilizada en los libros de texto como ejemplo de poblado de la cultura establecida en Galicia en los siglos anteriores a Cristo, la castrexa.
Es conocido como A Cidá (la ciudad), topónimo muy empleado en Galicia en lugares con restos similares. Se localiza Cabana de Bergantiños, en la parroquia de Borneiro. Es por eso que es conocido por el nombre de Castro de Borneiro.

Su datación figura entre los siglos IV y I a.c., por lo cual no llegó a ser romanizado, siendo uno de los pocos castros estudiados sin que influya la cultura del imperio.

El castro de Borneiro fue descubierto en 1924 aunque las excavaciones no se iniciaron hasta los años 30. En la década de los 70 se reinició la excavación. Hasta 36 construcciones han visto la luz con las últimas excavaciones realizadas en los 80. Muchas de las piezas encontradas son expuestas en el Museo Arqueológico de A Coruña.

El conjunto está rodeado por un foso y dos murallas defensivas, a excepción del lado este que se protege por la inclinación de la ladera de la montaña. En el antecastro, que es la parte del poblado que se encuentra fuera de las murallas, aparecen los restos de una vivienda ovalada, dos fuentes y un horno circular que debió estar cubierto por una bóveda.
El poblado se abastecía de agua mediante el pequeño río que discurre a un lado de A Cidá, el Rego do Muíño. .Llama la atención el gran tamaño de las viviendas de este castro, así como sus formas circulares de todas las casas, que demuestran la no romanización del lugar.

Leyendas del Castro Borneiro
Hoy os contaré una historia envuelta en misterio y magia, que transcurre en un pequeño rincón de Galicia.
Se dice que una noche de luna tenue, dos vecinas paseaban tranquilamente por los alrededores del castro de Borneiro conversando. De pronto, un sonido rompió el silencio de la noche: “Pío, pío”, se escuchó entre las sombras. Intrigadas, se detuvieron y afinaron el oído.
El tenue piar provenía del castro, y aunque les resultaba extraño, decidieron acercarse para ver de qué se trataba.
Al llegar al lugar, sus ojos se toparon con una escena insólita: una gallina de plumas doradas rodeada por nueve diminutos polluelos. Las vecinas se miraron con asombro ¿Cómo era posible que en un sitio abandonado desde hacía tanto tiempo, hubiese un animal tan bien cuidado?
Regresaron a la aldea y compartieron la curiosa anécdota con los vecinos, aunque sin darle demasiada importancia.
Sin embargo, aquella imagen quedó grabada en la mente de una de ellas. No podía olvidar la hermosura de la gallina ni el brillo de sus plumas bajo la luz de la luna.
Vencida por el deseo de tenerla, decidió regresar al castro en plena medianoche. Tal como la había visto antes, la gallina seguía allí con sus polluelos. Sin dudarlo la mujer extendió su mandilón y recogió en él a la gallina y a los pollitos.
Al llegar a su hogar, despertó a su marido con emoción, ansiosa por mostrarle lo que traía. Pero cuando desplegó el mandilón, un escalofrío recorrió su espalda. No había ni rastro de la gallina ni de los polluelos; en su lugar, solo había un montón de piedras frías y sin vida.
Entonces lo comprendió todo. Los castros y dólmenes son tierras encantadas, moradas de mouras y seres mágicos. Lugares donde lo real y lo irreal se entrelazan, y donde, si uno no es prudente, puede caer víctima de los encantamientos.
No dudes en visitar Cabana de Bergantiños, y pasarte por su castro Borneiro, donde quedó grabada esta historia, como un recordatorio de que no todo es lo que parece y de que la magia, en Galicia, sigue viva en cada rincón.












