Peto

Peto de Ánimas de San Antoniño

Al lado de los restos de la calzada de Meiro, y posiblemente junto a lo que fue una importante vía de comunicación local, se ubica este curioso peto de ánimas dedicado a San Antoniño, donde los lugareños ofrecían limosnas para salvar las almas de los seres queridos fallecidos. Ante este peto, los vecinos podían detenerse para rezar por las almas de sus familiares y conocidos fallecidos, pero también para dejar una limosna que, según la tradición, contribuía a aliviar sus penas y facilitar su entrada en el Paraíso. De esta manera, el monumento se convertía en un lugar de oración, recuerdo y también de solidaridad con quienes ya no estaban.

Su ubicación junto a un antiguo camino no parece casual. Los petos de ánimas se levantaban con frecuencia en lugares de paso, como cruces de caminos, junto a iglesias, puentes o antiguas vías, donde podían ser vistos por caminantes y vecinos. Quien pasaba por delante podía detenerse un instante, rezar una oración y contribuir con unas monedas.

El culto a las ánimas estuvo profundamente arraigado en Galicia durante siglos y dejó numerosas huellas en nuestros caminos. Relieves, pequeñas hornacinas, cruces y figuras religiosas recuerdan todavía hoy aquella relación entre el mundo de los vivos y el de los muertos, una frontera que en la tradición gallega nunca estuvo demasiado lejos.

Localización – Mapa

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