Monasterio de Santa Comba de Naves | GALICIA MAXICA


San Mamede de Palmés

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El gran valle del Miño estuvo y está salpicado de monasterios y diversos templos religiosos por toda su cuenca, sobre todo escondidos en los valles de la conocida Ribeira Sacra que es donde más monasterios se concentran. Sin embargo, fuera de ella también existen y se conservan buenos ejemplos de arte sacro secular, aunque alguno de ellos esté condenado a la desaparición. En la antigua Terra de Búbal, en la parroquia de San Mamede de Palmés, antiguo concello de Canedo hoy perteneciente al de Ourense, se mal conservan los restos de un antiguo monasterio de orígenes milenarios. Son las ruinas del monasterio de Santa Comba (Columba) de Naves. Parece impensable que en el siglo XXI aún encontremos lugares tan impactantes y tan en el olvido como este. Su situación en la ladera del valle, oculto en la espesura de lo que queda de un bosque autóctono y su distanciamiento de lugares poblados han contribuido al olvido y a la ruina.
A pesar de que no tenemos ningún documento fundacional ni ninguna piedra que indique alguna fecha concreta parece ser que sus orígenes se remontan al siglo IX, posiblemente al año 888, ya que se achaca su fundación a Alfonso III. Esto se debe a un pergamino, hoy desaparecido, estudiado por Frai Benito de la Cueva en el siglo XVII donde se nombra el monasterio de Naves. Diversos pergaminos posteriores nos conducirán también a estas fechas del siglo IX. Se conservan unos cuantos pergaminos de este monasterio repartidos en tres archivos en donde se nos cuentan diversas actividades, donaciones y posesiones de este cenobio que ya desde el siglo XII dependería de Celanova y por eso el monasterio estaría regido por un prior y no por un abade. Sin embargo no fue hasta 1513 cuando fue anexionado definitivamente, junto con las iglesias de Santa María de Louredo y Santo Estevo de Untes, a este monasterio de Celanova mediante una bula del papa León X.


El edificio sufrió varias modificaciones, una probablemente en el siglo XIII-XIV y por lo menos otra ya en el siglo XVIII (1760), que es lo que hoy conservamos y podremos ver. Sin embargo esta última reconstrucción tan solo serviría para 70 años más ya que a mediados de la década de los 30 del siglo siguiente y gracias a la famosa desamortización, el monasterio fue abandonado quedando así hasta nuestros días. Los favores a este monasterio hicieron que sus dominios abarcaran lugares en las dos riberas del Miño y en varios concellos como Ourense, Maside, Amoeiro y Punxín.
Las ruinas se encuentran en una ladera del valle del Miño a una altura de 350 metros sobre el nivel del mar. No existe pista ni carretera que se acerque hasta él. Por lo tanto debemos olvidar los vehículos para llegar hasta el cenobio ya que la única forma de llegar es por medio de un secular camino empedrado que antiguamente unía San Miguel de Canedo, los Chaos de Amoeiro, Trasalva y Maside. Para ello podemos cogerlo desde Untes, junto al Miño o desde arriba, desde la misma población de Naves. Desde Naves es la opción más corta y el trayecto de ida se desarrolla en bajada durante casi 900 metros. El camino parte desde un antiguo “forno” musealizado y son varias los cruces que nos encontraremos por lo que debemos extremar las precauciones para no equivocarnos. Lo mejor es seguir el camino en el que abundan las profundas marcas de carros que dan muestra de la dureza y antigüedad de este camino que ascendía toda la ladera del Miño.
Pronto llegaremos al lugar en donde se encuentra medio engullido por la vegetación e incluso podría pasar desapercibido en diferentes épocas del año. Una vez allí, nos daremos cuenta de las magníficas proporciones del edificio ruinoso y cual pudo ser la importancia de esta magnífica casa prioral. Por fuera da la sensación de un edificio señorial, compacto y robusto, con ciertos matices de carácter defensivo. Se trata de una construcción rectangular de casi 480 m2 de planta distribuida en tres cuerpos paralelos principales. El del medio, el más estrecho, es un gran pasillo de casi 25 metros que recorre longitudinalmente todo el edificio, comunicando las salas entre si. Estas salas se localizan en los cuerpos laterales, mucho más anchos que el pasillo y con muros para divisiones internas.


El edificio original tenía planta baja, primer piso y un piso inferior para bodega o despensa, en donde aún se pude ver los restos de un antiguo lagar. En los sillares se puede apreciar los restos de la última reconstrucción del siglo XVIII asentada sobre una antigua edificación medieval. Se observan diferencias en los sillares labrados y los rústicos del pasado, así como restos de arcos sobre lo que hoy hay ventanas abocinadas. Unas de las señales más significativas y que nos muestran el origen medieval de la antigua edificación son la presencia de multitud de marcas de “canteiros” que se encuentran distribuidas por toda la construcción. Sobre las últimas ventanas abocinadas del siglo XVIII aún se pueden apreciar en varias de ellas los restos de arcos de medio punto del templo medieval. Sobre la puerta adintelada de entrada existe un escudo en el que se representa una cruz trebolada, un compás y un círculo que indican la nombrada pertenencia a Celanova.
Nada más entrar tenemos dos fantásticos arcos de medio punto que presumiblemente darían acceso a la escalera que comunicaba con el piso superior. Estos arcos también son de la última reconstrucción barroca. De la madera que supuestamente formaban las escaleras y los pisos no queda nada de nada y el suelo se encuentra cubierto de maleza y sillares del propio edificio. Lo que no nos damos cuenta cuando estamos dentro, es del fantástico emplazamiento de este cenobio que al estar en la ladera cuenta con unas excelentes vistas del valle de Miño en su dirección hacia la capital ourensana desde el cual se divisa gran parte de esta ciudad. Para darnos cuenta es mejor ir salir y dirigirse hacia el sur y ver desde la pequeña cumbre el maravilloso espectáculo visual. Desde este punto también podremos ver otro de los misterios de este lugar, que no es otro que la existencia de los restos de la capilla que curiosamente se encontraba separada del monasterio.


A ella se puede acceder descendiendo este montículo o bien siguiendo en descenso el camino empedrado que nos llevará hasta los antiguos campos de cultivo de vid y maíz ligados al monasterio y que se encuentran junto a la capilla. La capilla es del mismo estilo que la última reconstrucción del cenobio, nos vamos por lo tanto al siglo XVIII. Así también lo parece indicar una inscripción en la puerta adintelada de la capilla en donde se puede leer el año de 1767, supuestamente el año de la construcción de la capilla ya que también leemos la palabra “edificose”. De la capilla podemos ver los restos de los arcos que sostienen malamente lo que queda de la bóveda de cañón que cubría el altar y los muros laterales que aún se conservan en buen estado. De la cubrición de la nave no queda nada. Llama la atención las pequeñas dimensiones de la capilla lo que nos podría indicar una baja ocupación del monasterio ya en estas fechas. Cerca de la capilla discurre un riachuelo del que presuntamente se abastecerían los monjes del lugar.
El lugar, resiste el paso del tiempo, pero la naturaleza no da tregua y si alguien no lo remedia, el edificio quedará derruido en poco tiempo, ya que las enredaderas y los árboles se lo están engullendo y harán que este lugar siga para siempre en el olvido.

Localización – Mapa

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