Mens en Malpica

Torres de Mens

Las torres de Mens, en Malpica, es una residencia privada pero en la antigüedad fue la fortaleza medieval de los Condes de Altamira. En 1455 pasó a poder de Lope Sánchez de Ulloa y Moscoso quién aglutinaría a la nobleza gallega junto al obispo Gelmírez en contra del poder de los Reyes Católicos. Sin embargo, como tantas otras, la fortaleza fue derribada por la rabia contenida de los Irmandiñas, en 1467, quienes desfogaron todas sus fuerzas contra los castillos y residencias de los señores feudales que los avasallaban. Un año después fue reconstruido. Sin embargo poco duró el poder de la nueva fortaleza, pues a los pocos años los castillos fueron perdiendo función social a favor del centralismo castellano.

Hoy día podemos observar tres torres rectangulares de sillería de unos doce metros de altura con puertas y ventanas de arco apuntado. También se puede reconocer restos del primitivo foso. El recinto está doblemente amurallado y en el interior se ubica un patio central.

En el año 1993 los propietarios de la fortaleza recibieron el premio Europa Nostra, en reconocimiento de la gran labor de restauración que llevaron a cabo. Hoy se encuentra en manos de Agustín Ordoñez, bisnieto de Díaz de Andrade que junto a Pedro de Abelenda adquirieron la fortaleza en el siglo XIX. En el año 1949 fue declarado monumento histórico nacional y en 1994 fue declarado Bien de Interés Cultural.

Según la leyenda, el castillo de las Torres de Mens se unía por un pasadizo subterráneo con la Iglesia de Santiago de Mens, que se encuentra muy cerca de la fortaleza. Existe otra leyenda que cuenta que un conde encerró a una bella mujer del pueblo. Los paisanos de la zona se unieron para liberarla y atacaron el castillo, haciendo huir supuestamente al conde por los pasadizos.

Sin embargo, los campesinos se dieron cuenta de su huida y plantaron fuego en las dos bocas del túnel haciendo imposible su huida. Desde entonces se cuenta que el trigo cercano a las bocas del túnel madura antes de tiempo. Otras leyendas nos hablan de otros pasadizos que llegaban hasta la costa, concretamente hasta la Furna Travesa, en la playa de la Ceiruga.

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