Junto al Santuario de Xende encontramos uno de los elementos más llamativos de este conjunto: un gran cruceiro cobijado bajo un templete de piedra. Su presencia destaca especialmente en este entorno, donde el camino, la arquitectura religiosa y la tradición popular se encuentran.
1868
Fue construido en 1868 por el maestro Manuel González de Perdiz, durante el abadiato de Antonio Benito Garrido. La fecha quedó grabada en la historia del lugar y nos permite situar este elemento en la segunda mitad del siglo XIX, cuando los Vía Crucis tenían todavía una gran importancia dentro de la religiosidad de las parroquias gallegas.

Este cruceiro corresponde a la duodécima estación del Vía Crucis que asciende hacia el santuario desde la parte baja. El recorrido va enlazando diferentes espacios de devoción y, al llegar hasta aquí, nos encontramos con este singular conjunto formado por el cruceiro y el templete que lo protege.

Muy cerca, junto al camino, se encuentra también una pequeña cueva en la que se conserva una imagen policromada. La presencia de esta imagen en un espacio natural añade un carácter especial al recorrido y nos acerca a esas antiguas formas de religiosidad popular en las que naturaleza y devoción estaban íntimamente ligadas.

Por eso, cuando visitamos Xende, merece la pena no quedarse únicamente con la imagen del santuario. Hay que recorrer sus alrededores, seguir el Vía Crucis y descubrir estos pequeños rincones que forman parte de la historia y de la memoria de la parroquia.













