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Monte da Cidade | GALICIA MAXICA

Rincones como este quedan pocos. Oculto en la espesura de la naturaleza, lleno de historia y envuelto de enigmas y misterio. Lugares así hacen que de verdad sintamos que Galicia sea “máxica” y es por esa magia que debamos quererla y respetarla.

Monte da Cidade

Muy cerca del embalse de Eiras que forma el Río Oitaven, se encuentran dos lomas flanqueadas por el Río Barragán y el Regato Cambichas, ambos afluentes del Oitaven. El primero forma un gran valle donde se ubica una de las fragas mejor conservadas del SO de Galicia y el segundo forma un valle más pequeño debido al tamaño reducido del regato. Fue entre estos valles, a una altura de 286 m, donde una civilización castrexa se estableció durante unos cuantos siglos. Hoy día se conoce a la loma como Monte da Cidade o Cidadela, topónimo similar a muchos otros lugares en Galicia con restos castrexos. Pero lo que realmente diferencia a este de otros restos, es el misterio que rodea y envuelve el lugar como luego relataremos. El lugar hoy forma parte de otra ruta de 17 km acondicionada en el 2012 por las comunidades de montes de las parroquias de Calvos, Traspielas, Moscoso y Xunqueira, pertenecientes a los concellos de Fornelos de Montes y Pazos de Borbén. El sendero se denomina PR-G 164.

Cómo llegar

Para llegar al lugar es preciso ir por la PO-250, en su recorrido desde Pazos de Borbén y Fornelos de Montes. Al límite del concello de Fornelos con el citado de Borbén, en el Km 13, nos detendremos. En frente al desvío hacia Calvos, tenemos un pequeño camino que indica que por ahí va el mayor sendero de gran recorrido de Galicia, el GR-58 o también conocido como Sendeiro das Greas. Descenderemos a pie por este camino sobre un antiguo empedrado, donde se observan los surcos marcados por las ruedas de los carros que recorrían cargados la calzada.

Cruzamos el pequeño Rego Cambichas por encima de un rústico puente de piedra compuesto por grandes losas que cruzan el río apoyadas en un solo pie y contrafuertes de sillería en los bordes. Aquí vemos ya signos del antiguo aprovechamiento y canalización del agua. Ahora la senda comienza a ascender y veremos como el camino se adentra en una frondosa fraga. También notamos que la zona se estrecha formando una pequeña garganta. Antes de descender ligeramente otra vez, nos sorprenderá la existencia de los restos de una ancha calzada que discurre por la garganta y justo en el cambio de rasante una piedra larga transversal a la vía, sobre la cual se cinceló un canal para ayudar a la captura de las aguas que bajaban de la montaña de nuestra derecha y así llevarlas a hasta un canal del que luego hablaremos.

El acueducto

Continuamos por la senda sin reparar que aún no hemos visto lo mejor. Nos sobrecogerán los altos carballos y sus caprichosas ramas, que junto a los pocos rayos de sol que logran pasar, crearán un espectáculo visual maravilloso, que va envolviendo el lugar con un halo de magia y misterio. De repente nos encontraremos con una estructura de mampostería que a primera vista parece un puente aunque realmente se trate de un acueducto. Dicha construcción según una inscripción en su arco dataría del año 1787 y esta formado por un arco apuntado aunque parece haber sido modificado. No es muy habitual encontrar este tipo de acueductos de arco en medio de la nada y mucho menos acometer tal obra. sin conocer muy bien su utilidad ni quién lo construyó. Pero, ¿quienes construirían este acueducto? El acueducto recibe el nombre popular de Ponte dos Mouros, denominación que es muy frecuente en Galicia aunque normalmente en estructuras mucho más antiguas.

No obstante, la duda nos asalta cuando buscamos un uso para este acueducto. Si recuerdan la piedra que cruzaba la calzada en la cual había un canal, nos daremos cuenta, de que por ahí recogían las aguas del Rego Cambichas que llegaban al acueducto. Aún se pude seguir el canal por donde discurría el agua en su camino al acueducto y al lado opuesto.

El castro

Una vez pasamos por el arco del acueducto estaremos entrando en uno de los fosos de un castro de más de 2000 años que se sitúa a nuestra izquierda y del cual podremos ver diversos restos como las murallas, ciertas estructuras enterradas e inclinados terraplenes en sus lados oeste y norte. Una ubicación perfecta, rodeado de grandes ríos y grandes sierras, donde abundaba la caza y la pesca.

Castro Monte da Cidade

La silueta de la muralla y sus piedras superiores son visibles al borde de este foso, que confirma la existencia de este en tiempos del asentamiento castrexo. Numerosas piedras esparcidas y restos de otras murallas pequeñas se confunden con otros muros más recientes. En la ladera este, se aprecian varias terrazas allanadas para poder salvar el gran desnivel del terreno y así poder construir edificaciones. Estos “socalcos” se confunden con las terrazas creadas en siglos posteriores  para poder cultivar en llano.

La aldea abandonada

Pero aún nos espera otro misterio detrás del arco y escondido en el foso central. Como si una puerta de entrada se tratara, sobrepasamos el enigmático arco y entramos en la estrechez que nos brinda el foso. A la derecha, pronto nos daremos cuenta de la presencia de unas estructuras de mampostería, dispuestas unas seguidas de otras a lo largo del camino, a modo de pequeñas casas. Se conservan bastante bien, a pesar de su origen artesanal.

Se aprecia la forma rectangular y algunas conservan incluso todos sus muros y hasta los dinteles que sujetaban las pequeñitas puertas de poco más de un metro de estas viviendas. Las casas también eran bajas, quizás para mantener bien el calor de las lareiras que en alguna se puede apreciar escondidas bajo la hojarasca. Varias tienen un patio delantero como las antiguas viviendas castrexas. En el año 2012 se ha acondicionado la zona y se ha reconstruido y recreado A Casa da Raíña, vivienda que se sitúa un poco más alejada del núcleo central. La cubrición está realizada con elementos naturales propios del bosque bajo el que se cobija, como siglos antes hacían otras culturas.

Esta pequeña aldea posiblemente se dedicara a alguna actividad comercial al borde de alguna vía transitada y actuaría como una antigua “área de servicio” al abrigo del foso. Podría ser una ruta de los “arrieiros”, gentes que transportaban vino y otras mercadurías desde las comarcas de O Condado y de O Ribeiro. Topónimos como “Costa”, “Costiña”, “Portela”, “As Calzadas”, demuestran el tránsito de la vía que como podremos ver en el mapa de Domingo Fontán en el siglo XIX se cruzaban justo aquí, una proveniente de Ponteareas y otra de Fornelos para después continuar hasta Soutomaior y a la costa.

En el Rego Cambichas existen numerosas fincas abandonadas separadas por vallados de piedra que también podrían ser utilizadas para la agricultura y la ganadería.

Si continuamos la senda observaremos media docena de casas un poco más separadas, pero dispuestas a lo largo del camino a ambos lados. Su distanciamiento con el núcleo principal y su buena conservación, son signos de que fueron algo más recientes que las anteriores. Llegamos a un punto donde deberemos torcer a la derecha, siguiendo la forma redonda del castro. Contradictoriamente debemos ir por la señal en forma de “X” que marca camino equivocado para la red de senderos.

Mirador

Embalse de Eiras

Aquí os aconsejo desviaros del castro un momento y acercaros al punto más alto que está a unos metros, hacia el Norte. Tan sólo unos cincuenta metros y llegaremos a la verdadera cima do Monte da Cidade, de 302 m, desde donde divisaremos unas grandes vistas del embalse de Eiras y de las Fragas del río Barragán, así como de los montes “da Serra do Suido”. Los antepasados y antiguos habitantes de la zona, tampoco pasaron por alto este lugar. Prueba de ello es la existencia de unas rocas en lo alto, de las cuales una contiene un pequeño depósito y un canal de vaciado, o lo que es lo mismo, una piedra o pila de sacrificios.

Volvamos al poblado y perdámonos por su cima, imaginando los escasos restos de casas y murallas que aún se aprecian. En lado Oeste el desnivel hacia el Barragán es muy grande y por ello se pueden apreciar terrazas que nivelaban el poblado. Esto y restos de muros modernos y más antiguos se mezclan con el lugar. Vale la pena caminar por los alrededores y maravillarse con la tupida vegetación, así como de las pistas y caminos empedrados que llegan al lugar. Aconsejo una bajada al Rego de Cambichas, aunque provistos de unas botas impermeables, ya que la humedad del agua y los pocos rayos de luz que penetran en el valle, lo convierten en un lugar, por zonas, hasta fangoso. Nos sorprenderá la multitud de antiguos cierres de fincas a la orilla del río. Aquí veremos también el aprovechamiento del agua en forma de un hermoso molino tradicional de épocas más recientes y nos quedaremos maravillados por la frondosidad de un bosque ribereño auténtico.

Existen otras casas no muy lejos de aquí, pero nos guardamos para nosotros su ubicación.

Agua, piedra, historia y misterio se unen en este lugar y forman un conjunto de valor incalculable.

Más fotos

Localización – Mapa

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