Faro de Budiño | GALICIA MAXICA


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El granito de Porriño es hoy el “oro de piedra” de la provincia de Pontevedra. Durante décadas, el hombre de la comarca ha convertido la piedra en su modo de vida. Prueba de ello son las decenas de minas que se encuentran distribuidas por los concellos de Porriño y Salceda y que nos han dejado el paisaje característico de la acción humana. Pero, aún hoy persisten increíbles parajes que conservan la originalidad de hace miles de años. Estos lugares se caracterizan por sus enormes rocas, rotas, despedezadas, pero todas formando parte de un gran conjunto rocoso. Parece como si hubieran caído directamente desde el cielo, y al impactar se desfragmentaran en mil pedazos, cada cual más grande, más enigmática. No es de extrañar que también hace miles de años llamaran la atención de nuestros antepasados.

Cuando recorramos el gran Val do Louro por su planicie, grandes formaciones rocosas dispuestas sobre las montañas nos llamarán poderosamente la atención. Una de ellas, situada cerca de los límites de los concellos de Porriño y Salceda, sobresale de una forma espectacular de la montaña, formando enormes paredes rocosas verticales; es el conocido como Faro de Budiño. La denominación “faro” es muy común en Galicia ya que estos montes, debido a su orografía, servían de guía para caminantes desde tiempos lejanos. También es probable que sobre su cima se encendieran hogueras o “fachos”, con el fin de alertar a las poblaciones interiores de cualquier incursión enemiga. Su situación estratégica y su impresionante orografía, han servido para que este enclave estuviera habitado desde tiempos remotos. En las Gándaras de Budiño, a escasos kilómetros, se localiza uno de los yacimientos arqueológicos más antiguos del SO de Galicia.

Sus grandes rocas forman enormes y caprichosas formaciones, que dan lugar a enormes paredes que servían de infranqueable defensa. Era por lo tanto, un lugar “fácil” de defender. Esto y el abrigo que proporcionaban las innumerables cavidades que se encuentran aquí, hacían que la zona fuera inmejorable para cualquier tipo de asentamiento humano. Y así lo fue. Durante siglos, varias civilizaciones ocuparon el lugar.

A buen seguro que el hombre del paleolítico eligió estas piedras para su cobijo y asentamiento. En lo más alto, a 399 m, podremos adivinar los restos de un castro. Únicamente se puede ver una pared de un tramo circular de una vivienda y los restos de una gran cantidad de piedras que formaban parte del poblado y de las murallas, asi como los restos de varias viviendas rectangulares. Junto los restos de la vivienda circular se puede apreciar lo que parece una pequeña piedra de sacrificios. Restos de “tegula” y otros materiales esparcidos por el alto dan una muestra de una ocupación romana o posterior. Una de las cavidades que se encuentran en lo más alto, una espeecie de “furna”, se abre en forma de grieta y acaba en un fantástico mirador. Lo más sorprendente es que en la brecha se encuentra un gran piedra vertical en el medio que supuestamente servía para golpear las paredes de la brecha y así crear un sonido grave, a modo de campana, que se escuchara en gran parte de O Val de O Louro. Esta piedra es conocida como O Catabún.

Más adelante, el lugar, serviría de puesto de vigilancia de uno de los valles más grandes de Galicia y de una de las principales vías de comunicación del sur de la región, pues era necesario su tránsito para todo aquel que viajara hacia las tierras de la histórica villa de Tui y a las tierras de la vecina Portugal. Tui llegó a ser residencia real y posteriormente su potencia eclesiástica hizo que la villa llagara a ser incluso capital de provincia. Por lo tanto desde la baja edad media, pasando por las guerras feudales hasta llegar a la invasión francesa, el lugar fue punto estratégico y de gran valor para la comarca.

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