Hay sonidos que forman parte de la memoria.
A diferencia de la vista, los sonidos se conectan automáticamente con las emociones y activan respuestas físicas inmediatas.
El de una moto arrancando temprano una mañana de domingo. El saludo de otro motorista cuando os cruzáis en una carretera perdida entre montañas.
El ruido de decenas de motores llegando juntos a un pueblo. Una carpa llena de gente que hasta hace unas horas no se conocía. Una ruta, una comida, una canción, una noche de fiesta y, sobre todo, muchas historias que contar al regresar a casa.
Memoria
En Galicia, las motos llevan décadas formando parte de esa memoria. Y también forman parte de la mía. Porque para mí las motos no son algo que haya descubierto ahora buscando información para contaros esta historia. Las motos forman parte de mi familia y, de alguna manera, también de mi infancia y de mi adolescencia.
Mi tío Noli fue un hombre pegado a dos ruedas. Después llegó mi tío pequeño, mi tío José; mi prima Sonia y su marido, Javi; Tati, Isra.. Domingo, mi hermano… y hasta yo tuve mi pequeña etapa sobre una moto.
Fue durante mi adolescencia y duró poco. Un accidente hizo que todo cambiara y le prometí a mi abuela que no volvería a conducir una moto. Y aquella promesa la mantuve.
Pero dejar de conducir no significó alejarme de ese mundo. Porque había una cita a la que no faltaba: Sanxenxo.
Como era la prima pequeña, siempre acababa acoplándome de la mano de los mayores. Y así, año tras año, fui viviendo aquella gran fiesta, viendo llegar las motos, escuchando los motores, compartiendo el ambiente y creciendo entre personas para las que aquella concentración era mucho más que un fin de semana.
Es una tradición. Es reencontrarse. Es familia.
Y quizá por eso, cuando hoy hablamos de las concentraciones moteras de Galicia, para mí no estamos hablando solamente de motos, fechas, cifras o ediciones. Estamos hablando de recuerdos. De personas. De aquellos que estaban y de los que ya no están y guardo en mi corazón. De los que siguen acudiendo. De los que un día dejaron la moto. De los que todavía conservan aquella pasión.
Y de quienes, como yo, aunque ya no conduzcan, siguen sintiendo algo especial cuando escuchan el sonido de una moto acercándose por la carretera. Porque hay cosas que forman parte de nuestra memoria aunque la vida nos lleve por otros caminos. Y para mí, las motos son una de ellas.
Por eso esta historia tenía que empezar aquí. No con una fecha. No con una cifra. Sino con mi propia memoria. Porque antes de contaros cómo nacieron las grandes concentraciones moteras de Galicia, necesitaba contaros por qué, cuando escucho hablar de ellas, yo también vuelvo un poquito ahora a la gran fiesta de Sanxenxo.
Hoy recorremos algunas de las concentraciones moteras más importantes, veteranas y populares de Galicia, pero también queremos conocer cómo nació esta tradición, quiénes fueron aquellos primeros aficionados que comenzaron a reunirse y por qué una concentración puede llegar a convertirse en parte de la historia de un pueblo.
Antes de Galicia
Las concentraciones de motocicletas no nacieron de un único acontecimiento ni tienen un único lugar de origen. Las reuniones de aficionados fueron creciendo durante el siglo XX a medida que la motocicleta dejó de ser únicamente un medio de transporte y empezó a convertirse también en una forma de viajar, relacionarse y de vivir, no solo de vivir la carretera.
Origen 1956 – Alemania -Elefantentreffen
En Europa aparecieron encuentros de motociclistas que acabarían convirtiéndose en verdaderas instituciones. Uno de los ejemplos más antiguos y conocidos es el Elefantentreffen, en Alemania, cuya historia se remonta a 1956.
En Galicia
1977 – Moto Club Valladolid – Hipo 77
En España, durante los años setenta, las concentraciones todavía eran relativamente poco numerosas. En 1977 los miembros del entonces Moto Club Valladolid organizaron en Simancas la llamada Hipo 77, considerada el germen de una tradición que posteriormente daría lugar a Pingüinos.
Aquel primer encuentro no tenía nada que ver con los enormes acontecimientos que conocemos hoy. No había miles de motos. No existían las redes sociales. No había teléfonos móviles para anunciar una concentración en cuestión de minutos. Había algo mucho más sencillo: una moto, una carretera y ganas de juntarse.
1982 -Valladolid- Pingüinos
En 1982 llegaría Pingüinos, también en Valladolid, con 320 participantes en su primera edición. Con el tiempo se convertiría en una de las concentraciones invernales más famosas del mundo.
Y mientras en otras partes de España aquella cultura motera iba creciendo, en Galicia comenzaban a aparecer también los primeros grandes encuentros. Y la pasión por las motos llegó a los pueblos gallegos
1986 Motoclub Amigos de la Moto de Sanxenxo
Hay una historia que resume perfectamente cómo nacieron muchas de las concentraciones gallegas. No comenzó con una gran empresa. No comenzó con una campaña publicitaria. Comenzó con dos amigos.
En 1986, dos aficionados de Sanxenxo que acudían a concentraciones moteras decidieron que aquello que estaban viviendo fuera de Galicia también podía hacerse en su propia tierra. Así nació el Motoclub Amigos de la Moto de Sanxenxo y, con él, la primera concentración del municipio.
Es una historia sencilla, pero precisamente por eso resulta tan bonita. Porque muchas de las grandes concentraciones que hoy aparecen en los calendarios empezaron de una manera parecida. Alguien tuvo una idea. Un grupo de amigos se animó. Un pueblo abrió sus puertas. Y los motoristas comenzaron a llegar.
1988 Mondoñedo Ruta N-634
En Mondoñedo, dos años después, la tradición tomó otro camino con la Ruta N-634, una concentración mototurística que ha terminado convirtiéndose en una de las grandes citas del norte de Galicia.
Y así comenzó a dibujarse un mapa que hoy atraviesa las cuatro provincias.
Las concentraciones moteras más famosas de Galicia
Sanxenxo y la historia de Rías Baixas
Si hay una concentración que resulta imprescindible cuando hablamos de la historia motera gallega es la Concentración Mototurística Internacional Rías Baixas de Sanxenxo.
Su origen está directamente relacionado con aquel Motoclub Amigos de la Moto nacido en 1986.
En 2026 el club cumplió 40 años y la concentración alcanzó su XXXVIII edición, una longevidad que la coloca entre las citas más veteranas de Galicia.
La concentración se celebra en Baltar, Portonovo, y durante varios días Sanxenxo se convierte en punto de encuentro para aficionados llegados desde distintos lugares.
La edición de 2026 se celebró del 11 al 13 de septiembre y volvió a reunir rutas, música, mercadillo motero, espectáculos stunt, comidas, sorteos y excursiones. Pero detrás de esos tres días hay cuatro décadas de historia.
Y hay algo todavía más bonito: algunos de los miembros actuales del club comenzaron ayudando cuando eran niños en aquellas primeras concentraciones. Hoy siguen formando parte de la organización.
Eso significa que la concentración no solo ha sobrevivido.
Ha pasado de una generación a otra.
Y en 2026 el club dio incluso un paso más con la creación de la primera Rider Costa Galega, un formato diferente que busca unir moto, turismo, aventura y descubrimiento del territorio gallego.
Mondoñedo y la Ruta N-634
Si Sanxenxo representa cuatro décadas de concentración motera en las Rías Baixas, Mondoñedo representa una de las grandes tradiciones del norte.
La Concentración Mototurística Ruta N-634 llegó en 2026 a su XXXV edición.
El nombre no es casual. La N-634 es una de las grandes carreteras históricas del norte peninsular y forma parte de la identidad de un encuentro profundamente ligado a la carretera.
La edición de 2026 se celebró los días 6, 7 y 8 de marzo y reunió a cientos de motoristas.
Hubo rutas, comidas, exhibición de stunt, música, acampada y una de las actividades que más simbolismo tiene dentro de muchas concentraciones: la ruta de las antorchas.
Mondoñedo demuestra además que una concentración motera puede convivir perfectamente con el patrimonio. Las motos llegan a una ciudad histórica. Los participantes recorren sus calles. Comen en sus establecimientos. Duermen en la zona. Y durante un fin de semana el movimiento de los motoristas forma parte de la vida de la localidad.
O Valadouro, casi tres décadas de motos
En la provincia de Lugo encontramos otra de las grandes veteranas.
La Concentración de Motos de O Valadouro alcanzó en 2026 su XXIX edición.
La cita, organizada por el Moto Club O Valadouro, reunió cerca de 600 participantes, principalmente procedentes de Galicia, Asturias y Castilla y León, aunque también llegaron aficionados de otros puntos de España y de Portugal y Francia.
El programa incluyó dos rutas mototurísticas por la comarca, exhibiciones acrobáticas, actuaciones musicales, degustaciones de productos locales, juegos infantiles y sorteos. También hubo trofeos para los motoclubs más numerosos, para la bandera más original y para el participante que llegara desde más lejos.
Ese último premio resume muy bien el espíritu de estas reuniones.Porque para un motorista no importa solamente llegar. También importa desde dónde has venido.

Motococido: cuando Galicia juntó carretera y gastronomía
Si hay una concentración que podría haber sido bautizada únicamente en Galicia, esa es Motococido.
Lalín. Moto. Cocido. No hace falta explicar mucho más.
La concentración se ha convertido en una de las citas más conocidas del calendario motero de Pontevedra y aparece entre las grandes convocatorias de 2026.
Organizada por el entorno del Motoclub Kilómetro Cero, la cita une rutas, actividades moteras y gastronomía. Y aquí aparece una característica que se repite en muchas concentraciones gallegas: la comida es parte de la experiencia. Porque en Galicia podemos llegar a un lugar siguiendo el sonido de un motor y terminar sentados alrededor de una mesa. Quizá no haya mejor forma de entender nuestra manera de recibir a quien viene de fuera.
Moteros do Morrazo: de concentración a acontecimiento multitudinario
Bueu es otro de los grandes puntos del mapa motero gallego.
La Concentración Moteira do Morrazo alcanzó en 2026 los 15 años de historia. El Concello de Bueu destaca precisamente esa trayectoria y el apoyo municipal que ha acompañado al evento durante todos estos años.
En la edición del aniversario, Moto Club Galicia cifró la asistencia en más de 5.000 moteros, además de la gran cantidad de vecinos y visitantes que se acercaron al evento.
La concentración incluye uno de esos momentos que ya forman parte de su identidad: la ruta nocturna con fachos.
Cuando cae la noche, las motos dejan de ser solamente máquinas. Las luces, las antorchas y el sonido de los motores crean una imagen difícil de olvidar. Y Bueu vuelve a demostrar que una concentración puede transformar durante un fin de semana la vida de un pueblo.
Ría de Noia: carretera, ría y memoria
La Concentración Motera Ría de Noia llegó en 2026 a su XVII edición.
Se celebró los días 7, 8 y 9 de agosto y su inscripción completa tuvo un precio de 52 euros. Pero más allá de los datos, la concentración tiene algo que merece ser contado.
Las rutas permiten descubrir distintos lugares del entorno de la ría y la comarca. Y, como ocurre en otras grandes reuniones moteras, aparece la ruta de antorchas, una tradición que tiene un significado muy diferente al de una simple actividad nocturna. Es un momento para recordar a los compañeros que ya no están. Porque la cultura motera también tiene memoria.
Cidade de Narón
En el norte de la provincia de A Coruña, Narón mantiene otra de las grandes citas del calendario.
En 2026 celebró su XIX Concentración Moteira Cidade de Narón, los días 5, 6 y 7 de junio.
Casi dos décadas de historia convierten esta cita en una de las veteranas del calendario gallego. Las concentraciones como la de Narón muestran además la importancia que tienen los motoclubs. Porque detrás de cada fin de semana hay meses de trabajo. Permisos. Seguridad. Rutas. Comidas. Actividades. Logística. Y muchas horas que el público normalmente no ve.
Boiro: las motos también tienen su lugar en Barbanza
La Concentración Motera de Boiro volvió a llenar el calendario en 2026.
La programación incluyó actividades desde el viernes hasta el domingo, con zona para niños, motos vintage, rutas, gastronomía, música y actividades relacionadas con el motor. Es otro buen ejemplo de cómo las concentraciones han dejado de ser exclusivamente reuniones de aficionados.
Hoy muchas tienen una dimensión abierta al conjunto de la población. Los niños pueden acercarse. Las familias pueden disfrutar de las actividades. Los vecinos pueden conocer las motos. Y los establecimientos locales reciben visitantes.
Os ReventaPistóns, Ribeira
En Ribeira, Os ReventaPistóns alcanzó en 2026 su VIII Concentración Motera, celebrada los días 18, 19 y 20 de septiembre.
Otro nombre que se ha ido incorporando al mapa de grandes reuniones de la provincia de A Coruña. Y otra muestra de cómo el movimiento motero gallego se mantiene vivo gracias a asociaciones y grupos que trabajan desde sus propias localidades.
SinFrenos, A Pobra do Caramiñal
La Concentración Moteira SinFrenos de A Pobra do Caramiñal alcanzó en 2026 su XII edición.
Doce años de carretera, convivencia y actividades que han convertido la cita en otra de las referencias del Barbanza.
Y es precisamente esta zona de Galicia una de las que concentra una importante actividad motera: Boiro, Ribeira, Noia y A Pobra forman prácticamente un pequeño mapa propio de concentraciones.
Ponteceso y la Costa da Morte sobre dos ruedas
En Ponteceso, la Motofesta alcanzó en 2026 su quinta edición.
La cita lleva las motos por algunas de las carreteras de la Costa da Morte y combina rutas, exhibiciones, gastronomía y música.
Aquí el paisaje tiene un protagonismo especial. Porque recorrer en moto la Costa da Morte no es únicamente desplazarse de un punto a otro. Es conducir entre mar y montaña. Parar en un mirador. Atravesar pueblos. Sentir el viento. Y descubrir que muchas veces la mejor parte de un viaje es precisamente la carretera que no habíamos pensado recorrer.
La Mafia, Ponte Caldelas
Y entre las concentraciones que están escribiendo ahora sus primeros capítulos está La Mafia, en Ponte Caldelas.
En 2026 celebró su II Concentración Motera La Mafia, el 26 de septiembre, en la Central de Transportes de Ponte Caldelas.
El programa incluyó exhibición de motociclismo, juegos moteros, espectáculos de drift, cena y Motorfest.
Es una concentración joven. Y precisamente por eso tiene algo especial. Porque cuando vemos una concentración con treinta o cuarenta ediciones detrás, olvidamos que algún día también tuvo una primera.
La Mafia está ahora en ese momento.En el momento en que se está construyendo la memoria que quizá dentro de veinte años alguien contará.
Monterroso y la tradición que sigue creciendo
En Monterroso, el Motoclube Ó Corte celebró en 2026 la XIII Concentración Motera.
La programación volvió a combinar juegos, exhibiciones de stunt, música, acampada y una ruta turística por el entorno.
Es otra muestra de cómo las concentraciones se reparten por toda Galicia. No solo en las grandes ciudades. También en villas pequeñas. En pueblos. En lugares donde durante un fin de semana pueden llegar personas desde cientos de kilómetros.
Chantada, Sarria, Trabada, Rábade y Paradela
La provincia de Lugo tiene un calendario especialmente activo.
En 2026 aparecen, entre otras, la XII Concentración Mototurística de Chantada, la IV Concentración Sarria Bikers, la II Concentración Motera de Trabada, la XIII de Monterroso, la II Rábade Biker’s, la II de Lugo Xabatos Bravíos y la XXV Concentración Mototurística Os Mouchos, en Paradela.
No todas tienen la repercusión mediática de Sanxenxo o Bueu. Pero sería injusto pensar que por eso son menos importantes. Una concentración no se mide solamente por la cantidad de motos. También se mide por los años que lleva reuniendo a la gente. Por los amigos que vuelven. Por los clubes que la mantienen. Por el dinero y el trabajo que dejan en la localidad. Y por la ilusión con la que alguien prepara su moto para salir hacia ella.
Ourense también tiene su mapa motero
La provincia de Ourense tampoco se queda atrás.
El calendario de 2026 recoge la VII Xuntanza Motera Motoros de Laza, la concentración de Verín, la XIV Concentración Ye Lo Que Hay de O Barco de Valdeorras, la XXI Concentración Mototurística Os Esquíos de A Pobra de Trives y la III Concentración Mototurística de Xinzo de Limia, además de la concentración invernal Motoxeada en Fonte da Cova.
Y hay una historia especialmente curiosa este año. Verín recuperó en 2026 su concentración motera después de tres décadas sin celebrarse. El MotoClub Vila de Verín fue quien impulsó su regreso, con la intención de recuperar una actividad que durante años había formado parte del calendario social de la villa.
Esta historia dice mucho sobre el mundo motero. Las concentraciones pueden desaparecer. Pero también pueden regresar. Porque mientras haya personas dispuestas a recuperarlas, la tradición puede volver a ponerse en marcha.
Pontevedra, una de las grandes tierras moteras de Galicia
Si observamos el calendario de 2026, Pontevedra aparece como una auténtica potencia dentro del mundo de las concentraciones gallegas.
Además de Sanxenxo, Bueu, Lalín y Ponte Caldelas, encontramos citas como Plantallelume en Verducido de Xeve, Dena-Mita, Ribadumia, Villa de Marín, A Rosa dos Ventos en Poio y muchas otras.
Plantallelume, por ejemplo, celebró en 2026 su X Concentración Motera en Verducido. Diez ediciones.Diez años reuniendo a aficionados. Y esto es precisamente lo que hace interesante el fenómeno. Cuando miramos el calendario completo descubrimos que Galicia no tiene unas pocas concentraciones aisladas. Tiene una auténtica red motera.
Las concentraciones moteras son también turismo
Quizá este sea uno de los aspectos menos conocidos por quienes nunca han participado en una. Un motorista que llega a Galicia puede hacer cientos de kilómetros. Pero durante el viaje necesita gasolina, comer, dormir, comprar, visitar lugares y parar.
Una concentración puede llenar alojamientos. Puede llevar clientes a restaurantes. Puede generar actividad en gasolineras. Puede llenar cafeterías. Puede dar a conocer una comarca.
Y puede hacer que alguien que nunca había pensado visitar un determinado lugar vuelva después con su familia.
En O Valadouro, por ejemplo, la propia Xunta destaca el impacto de la concentración en la promoción de la comarca y en la economía local. Por eso las motos también son turismo.
Y Galicia tiene algo que ofrecerles que no se puede fabricar: carreteras y paisaje. El mejor de los paisajes con curvas que te llevan directo a sentirte parte de tu moto.
Las rutas son parte de la concentración
Una concentración motera sin ruta sería difícil de imaginar. Porque la moto nació para moverse. Por eso las rutas suelen ser uno de los grandes momentos de cualquier encuentro. Unas recorren la costa. Otras se adentran en el interior. Algunas pasan por varios municipios. Otras buscan carreteras con curvas y paisajes espectaculares. Y muchas terminan en una comida. Porque aquí volvemos a encontrarnos con Galicia. La carretera nos lleva hasta la mesa.Y alrededor de una mesa empiezan las conversaciones.
Las antorchas y el recuerdo
Hay una imagen que se repite en muchas concentraciones gallegas. La noche. Las motos. Las luces. Las antorchas. El grupo avanzando lentamente.No es una exhibición. No es una carrera. Es un homenaje.
En Bueu, Noia, Mondoñedo y otras concentraciones aparecen rutas o actos nocturnos de este tipo. Y quizá sea uno de los momentos más humanos y mágicos del calendario motero. Porque demuestra que detrás de una afición que muchas veces asociamos con ruido, velocidad y espectáculo existe también una enorme capacidad para recordar.
Cada moto tiene una historia. Cada casco tiene un dueño. Cada grupo tiene nombres que ya no están. Y por eso esas luces que avanzan por la noche tienen un significado muy especial.
Del motoclub al grupo de amigos
Las grandes concentraciones gallegas tienen algo en común. Casi siempre hay personas detrás. Un motoclub. Una asociación. Un grupo de amigos. Personas que se reúnen durante meses para preparar algo que dura solamente un fin de semana.
Buscan patrocinadores. Preparan recorridos. Organizan comidas. Contratan música.Gestionan inscripciones. Preparan las zonas de acampada. Coordinan la seguridad. Hablan con los ayuntamientos. Y cuando termina la concentración, vuelven a empezar a preparar la siguiente.
Ese trabajo casi nunca aparece en las fotografías. Pero sin él no habría concentración.
De los años ochenta al 2026
Si miramos atrás podemos ver cómo ha cambiado todo.
En los años ochenta una concentración podía nacer porque dos amigos habían viajado a otra y habían pensado: «¿Por qué no hacemos una aquí?»
Hoy existen redes sociales, páginas web, inscripciones online, grupos de WhatsApp, vídeos, fotografías y miles de personas que pueden enterarse de una concentración en cuestión de horas. Pero la esencia sigue siendo exactamente la misma. Una persona arranca su moto. Se pone el casco. Mira el mapa. Y sale.
El calendario motero gallego no deja de crecer
Y lo más curioso es que mientras algunas concentraciones llevan treinta o cuarenta años, otras están empezando ahora.
La II Concentración La Mafia de Ponte Caldelas es un ejemplo.
La recuperación de Verín después de tres décadas es otro.
Hay concentraciones veteranas que siguen resistiendo. Hay otras que desaparecieron. Hay nuevas que nacen. Y hay grupos que se reúnen simplemente porque les gusta salir juntos.
Eso significa que la cultura motera gallega está viva. No es solamente historia. También es presente.Y será futuro siempre.
Una Galicia para recorrer en moto
Desde Sanxenxo hasta Mondoñedo. Desde Lalín hasta O Valadouro. Desde Bueu hasta Noia. Desde Ponteceso hasta Verín. Desde el Barbanza hasta las montañas de Trives. Galicia está llena de carreteras que merecen ser recorridas sin prisa.
Y quizá por eso las motos encajan tan bien con nuestra tierra. Porque aquí todavía existen carreteras donde el paisaje obliga a levantar la mirada. Pueblos donde una parada puede convertirse en conversación. Miradores donde uno apaga el motor y se queda unos minutos en silencio. Y curvas que hacen que el viaje sea tan importante como el destino.
Las grandes concentraciones moteras de Galicia
Si tuviéramos que hacer un mapa de algunas de las principales citas que encontramos en el calendario gallego, tendríamos que marcar Sanxenxo, Mondoñedo, O Valadouro, Lalín, Bueu, A Pobra do Caramiñal, Noia, Narón, Boiro, Ribeira, Ponteceso, Ponte Caldelas, Verducido, Monterroso, Chantada, Sarria, Paradela, Trabada, Laza, Verín, O Barco de Valdeorras, A Pobra de Trives, Xinzo de Limia, Poio, Marín, Ribadumia y muchas otras localidades.
Y esto es solamente una parte. Porque el calendario cambia cada año. Algunas citas descansan. Otras aparecen. Otras regresan después de años. Y algunas, como Sanxenxo, llevan ya cuatro décadas demostrando que una buena historia puede mantenerse viva generación tras generación.
Porque una concentración no son las motos
Al final, después de tantos nombres y tantos kilómetros, quizá haya que volver al principio. A aquellos dos amigos de Sanxenxo. A una época en la que acudir a una concentración desde una villa gallega podía parecer casi una aventura. Ellos no sabían que estaban empezando una historia que cuatro décadas después seguiría viva.
Tampoco podían imaginar que algunos de aquellos niños que ayudaban en las primeras concentraciones acabarían siendo adultos y continuarían trabajando para mantenerlas. Y probablemente tampoco pensaban en posicionamiento, redes sociales, turismo ni grandes cifras.
Solo querían compartir una pasión. Eso es lo bonito. Porque detrás de las miles de motos que hoy pueden llegar a Bueu. Detrás de los cientos de participantes de O Valadouro. Detrás de las décadas de Sanxenxo y Mondoñedo. Detrás de cada concentración nueva que nace en un pequeño pueblo.
Siempre hay alguien que un día dijo: «¿Y si hacemos una concentración aquí?»
Y alguien más respondió: «Vamos.»
Quizá por eso las concentraciones moteras de Galicia siguen teniendo algo que no aparece en ningún programa. La carretera puede juntar a desconocidos. Una moto puede llevarte a un lugar al que nunca habías pensado ir. Y una concentración puede hacer que regreses cada año al mismo pueblo simplemente porque allí dejaste amigos.
Porque las motos son máquinas. Pero lo que realmente permanece son las historias. Y esas historias, en Galicia, llevan décadas recorriendo nuestras carreteras.













