Tarta de queso y yogur griego

Soy Gastronomía de Galicia y estoy aquí para que comáis y bebáis lo mejor y en los mejores sitios. Esta cuenta que dará mucho que comer.

tarta de queso y yogur

Hola soy Loli, me conocen como @Loroma61 en Twitter. Me defino como ama de casa y gran amante de mi tierra: Baiona. ¡Soy aficionada a fotografiar los paisajes que me rodean y a disfrutar cocinando para los que más quiero!

Ingredientes tarta de queso

Tarta de queso y yogur griego

Esta tarta de queso mascarpone es muy jugosa y tiene una textura similar a un mousse dado su elaboración.

Ingredientes para la tarta

  • 500 gramos queso (mascarpone, quark o ricotta)
  • 2 yogures griegos naturales sin azúcar
  • 100 gramos harina trigo
  • 100 gramos de azúcar
  • 5 huevos
  • 1/2 limón (su ralladura y zumo colado)
  • Levadura en polvo (1 sobre, 8 gramos)
  • Pizca de sal
  • Molde redondo de 26 cm
Tarta de queso y yogur

El primer paso es precalentar el horno a 175º con calor arriba y abajo.

Preparación

A punto de nieve

Separar claras de yemas. Montar las claras a punto de nieve e ir mezclando poco a poco el azúcar para dar más esponjosidad a la tarta. Reservar.

En un bol mezclar, no batir. Las yemas, queso, yogures, ralladura de limón, zumo, pizca de sal. Cuando tengamos la crema hecha echar la harina (la tendremos tamizada con levadura).

Harina tamizada

Con mucho cuidado y a mano ir mezclando la crema de queso con las claras. Nos tiene que quedar una crema espesa.

Crema de la tarta de queso y yogur

Poner en un molde redondo previamente forrado con papel horno. Meter al horno a 175 º unos 40 minutos, calor arriba y abajo. Recuerda que ya lo habíamos precalentado a esta temperatura así que lo dejaremos igual.

Crema de la tarta de queso y yogur en el horno

Dejar enfriar con la puerta abierta del horno. Retirar cuando esté templado y dejar enfriar por completo fuera. Sí, se puede tomar tibia (esto para los más ansiosos que están deseando probarla) aunque recomiendo dejarla enfriar y servirla a temperatura ambiente.

Tarta de queso y yogur

En twitter soy @loroma61

El origen de la tarta de queso

En la Grecia Antigua se creía que el origen del queso venía de la mano de Aristeu (“el mejor” o “el guardián de las abejas”) al que las Ninfas enseñaron las artes útiles y misterios (de andar por casa) sin ir más lejos, cómo cuajar la leche para obtener queso, cómo domesticar las abejas y cómo “domesticar” los olivos salvajes y hacer que den aceitunas. Así se convirtió en el dios patrón del ganado, de los árboles frutales, de la caza, la agricultura y la apicultura. Para los antiguos griegos el queso era por lo tanto “un regalo de los dioses” y así lo nombraban.

Grecia 776 a. C.

El origen del pastel de queso se remonta a la Grecia antigua. Nos situamos en el año 776 a. C., aquí inicia el principio de la Antigüedad clásica, el punto de partida fue la primera Olimpiada festejada en este año. Hablamos del mismo periodo de tiempo en la que se cree que fueron compuestos los textos épicos de Homero: Figura el queso en la conocida Odisea (siglo VIII a. C.). En ella se describe a un cíclope haciendo y almacenando quesos de oveja y cabra. Durante los primeros juegos olímpicos de Atenas, nos narran como se servía una torta a los atletas para que tuviesen mucha más fuerza. Los historiadores cuentan que esta torta redonda podría ser el origen de la tarta de queso.

“El pastel de queso se dio a conocer ayer, ya que formaron parte del menú que degustaron (pastel proteico a base de queso); los atletas que participaron en los primeros juegos olímpicos de la historia, que tuvieron lugar en el año 776 antes de Cristo. La exquisita torta se difundió a través de Europa después de que los romanos conquistaron Grecia.”

Calímaco- Foto de Alquibla

La mención escrita más temprana de un pastel de queso fue hecha por un médico griego Égimo o Egimio (Αἴγιμος o Αἰγίμιος) , que escribió un libro sobre el arte de hacer queso. Fue muy valorado ya que Ateneo de Náucratis retórico y gramático griego del siglo II d.C menciona que Calímaco un poeta y erudito siglo III a.C solía tener una obra de “Egimio” que describía el arte de hacer pasteles de queso (πλακουντοπουκόν σύγγραμμα).

Como curiosidad Egimio fue la primera persona que escribió un tratado sobre el pulso, denominada Περί Παλμων (De Palpitationibus “Sobre las pulsaciones”.

Roma

Marco Porcio Catón

Catón el Viejo 234-149 a. C ese político, escritor y militar romano nombró en su obra manual De agri cultura el pastel de queso y Lucius Junius Moderatus Columella escritor agronómico romano (Gades, Bética; 4 d. C. – Tarento; ca. 70 d. C.), de sobrenombre Columela años más tardes e inspirado por él, los recogió en su manual De Re Rustica. Allí figuran las recetas de tres pasteles para usos religiosos: libum, savillum y placenta. ​De los tres, placenta es el más parecido a la mayoría de los pasteles de queso modernos, con una corteza que se prepara y se cuece por separado. Aunque si lo tomásemos hoy en día no encontraríamos mucha semejanza con los nuestros.

La tarta de queso en el mundo

Los componentes de esta tarta son distintos en cada lugar del mundo al igual que lo es la cultura gastronómica en cualquiera de ellos. Para gustos colores o mejor dicho, productos. En Italia para su elaboración utilizan el requesón, el queso crema en Estados Unidos, mientras que en Alemania, países bajos o el norte Europa se utiliza queso Quark.

Hay otras teorías que explican que esta tarta no llegó a nacer hasta que lo hizo el propio queso, Tenemos constancia por leyendas de la primera vez que se creó el queso y como en todo lo referente a comida o casi todo, fue accidentalmente. El creador de lo que hoy llamamos queso fue un comerciante árabe. La leyenda, cuenta como éste salió de su casa en un día que hacía mucho calor montando a lomos de un caballo para ir a trabajar. Llevaba consigo un cantil (recipiente) lleno de leche de cabra para beber. Al final del día, el hombre tomó la leche para beber y cual fue su asombro cuando se dio cuenta de que la leche se había separado en dos partes: un líquido fino, el suero, y una porción sólida. Esta transformación no sólo se debió al galope del caballo y el calor del sol, sino también por una sustancia que habría quedado en las paredes internas del cantil llamada cuajo.

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