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Playa fluvial y manantial de Sela

Hubo un tiempo que las estaciones del tren situadas en el valle del Miño tenían un gran ajetreo que en la actualidad se ha perdido totalmente. El ferrocarril durante muchas décadas fue una forma de viajar cómoda y rápidamente y permitió la comunicación fluida entre las villas de la línea férrea y el tráfico desde el rural hacia las grandes ciudades de Vigo y Ourense y si lo deseabas hacia Pontevedra e incluso Santiago y A Coruña.

En Arbo, además, existía un aliciente más para su parada y no solo para la gente del rural, sino para visitantes provenientes de diferentes lugares de Galicia. Y esto era debido a la existencia de un manantial de aguas mineromedicinales que surgían a orillas del río Miño, concretamente en Sela, en donde se habilitó una estación de ferrocarril para dar servicio al balneario.

Ya fue a principios de siglo, concretamente en 1905, cuando Antonio Pérez Barreira pidió al consistorio que las aguas de Sela fueran declaradas de utilidad pública y así poder embotellarla y comercializarla.

Un año después se consiguió la comercialización del agua mineral que era vendida a 50 céntimos de las antiguas pesetas por botella. Fue comercializada con el nombre de Aguas Minerales de San Martín de Sela. Estas aguas emergen a una temperatura de 20º con una capacidad de 720 litros diarios.

Playa fluvial de Sela

Hoy en día poco queda de aquel pasado. Tan solo la estación y grandes y viejos edificios que en su día albergaban a los agüistas. La surgencia solo se podrá ver en épocas de poca lluvia o cuando los embalses de río arriba lo permitan, pues este se encuentra al borde de la orilla del Miño con lo que en las estaciones lluviosas quedará por debajo del nivel del río.

En la actualidad en Sela veremos una construcción de sillería rectangular con bancadas y el manantial que almacena el agua mineral en una especia de lavadero.

Junto al manantial de Sela se habilitó una zona recreativa que en verano es utilizada como playa fluvial.

Aguas arriba discurre un sendero denominado de los Pescadores y hacia abajo comienza una pequeña ruta interpretativa con respecto al arte secular de las pesqueiras y su pieza más singular: La lamprea.

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