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Castillo de Castro Caldelas o de los Condes de Lemos

Otra joya más de nuestra Galicia, como casi todas las fortalezas el castillo de Castro Caldelas es también moradora de un castro. Guiándose del conocimiento de nuestros ancestros que elegían lugares privilegiados y estratégicos para gozar de una vista excelente de sus dominios y Castro Caldelas no iba a ser menos. Cobra mayor importancia en la época romana, en la que el “oppidum” se convierte en un eje importante de la economía, ya que se situaba cerca de un cruce de caminos por el que transcurrían dos vías romanas, el ramal norte de la vía XVIII que unía Astorga y Braga y la vía de Chaves a Lugo.

Patio del castillo de Castro Caldelas

Fue cobijo de legiones militares, ejércitos, oficiales mayores y ordenes de monjes guerreros que han dejado sus huellas en marcas y blasones aún existentes.

En la Edad Media, la fortaleza de Castro Caldelas perteneció a la casa de Trastámara, siendo su crecimiento de gran celeridad debido al comercio y a las actividades artesanales en los que los tejedores de lino hicieron de este lugar un importante emplazamiento para sus negocios, además de los judíos con oficios liberales. Como muestra de ello podemos encontrar en el centro de la villa lapidas funerarias testigo del asentamiento de una muy importante colonia.

Primero castro y luego un castillo en el que a su alrededor comienza a crecer una gran villa que ha llegado hasta nuestros días manteniendo un marcado acento histórico.

Este lugar esconde una muy rica historia, sufrida en sus propias piedras, y es que los Irmandiños y la guerra de la independencia dieron duros golpes a la villa y esta paso de las cenizas a su completa reconstrucción. Esto hace que en los incendios y batallas gran parte de la documentación se perdiera.

Lo más sobresaliente es que en 1165 se la dotó de la condición de villa de Realengo, ya que era un emplazamiento requerido por los que sabían elegir lugares con encanto en los que vivir o impulsar sus negocios. El también llamado castillo de los Condes de Lemos, fue construido en el siglo XIV (1336-1343) por Pedro Fernández de Castro, Señor de Lemos y Sarria. Podemos observar el linaje de los Castro en los escudos de la puerta. También la misteriosa Tau griega identificativa de los Castro aparece representada en el castillo. Era considerado un amuleto contra los males.

En 1467, el pueblo harto de tanto abuso por parte de los señores feudales se rebeló y durante el conflicto Irmandiño se derribo parte de la fortaleza. Pedro Álvarez Osorio, I Conde de Lemos, obligó después al pueblo a reconstruirla: “Vosotros la tirasteis y vosotros la levantareis”, dijo el conde. Los excesivos impuestos hicieron que los habitantes de la villa denunciaran al Conde ante la Audiencia de Valladolid, quién falló a favor de estos. Sin embargo la fortaleza se rehízo en 1560 y paso a ser una residencia de la alta nobleza.

Castro Caldelas

En manos de los señores de Lemos permaneció hasta finales de el siglo XVIII ya que al fallecer el Conde y al no tener este descendientes paso a manos de una familia ya de sobra conocida, la Casa de Alba. A finales del siglo XX fue cedido al concello para fines culturales.

Se llega al castillo a través de varias callejuelas que conservan el carácter medieval, pavimentadas con enlosado. Construido con una tipologia complicada, con dos torres dispuestas en atalaya. Una de ellas es la torre de homenaje, la más antigua. Es la estructura central del castillo medieval pero en este caso esta situada a un lado de el recinto. Albergaba la residencia del “señor”, ya que esta torre proporcionaría el último refugio ante los posibles ataques.

La torre opuesta es la de el Reloj, así denominada por su curioso y antiguo reloj que data del siglo XIX. Cuenta también con un patio de armas en el que se muestran objetos tradicionales como es el caso de un telar artesano. Como en toda fortaleza aparece el foso y su sistema defensivo encerrando dicha construcción, sus murallas con sus torreones en los que disfrutar de la villa y su entorno. Desde las alturas podemos contemplar el paisaje de las calles con sus flores engalanando tan espectacular villa. El último episodio militar de la fortaleza fue en plana Guerra de la Independecia. Los caldelanos atacaron al 15º regimiento de la división del general francés Marchand, que como represalia mandó incendiar el castillo y la villa.

Tau

Fue declarado monumento Histórico-Artístico por la declaración genérica de el Decreto de 22 de abril de 1949 y la ley 16/1985 sobre el patrimonio histórico español.

Su restauración es parcial aunque muy bien acondicionado para la visita se están estudiando restos encontrados en excavaciones de las antiguas murallas. En su interior se alojan las exposiciones de Museo Arqueolóxico e Etnográfico.

Nos ha encantado perdernos por sus calles, empaparnos de su historia y escondernos en su fortaleza, degustar de sus dulces como la famosa bica e irnos con la promesa de volver a tan noble zona de tan hospitalarias gentes.

Os recomiendo probar la bica, ya que hay muchos lugares en la que la degustación es una invitación a conocer tan suculento postre típico de la comarca y un buen recuerdo con el que abrir boca y quedarnos con ganas de volver.

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