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Castillo de las Torres de Altamira | GALICIA MAXICA

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En lo alto de una loma, desde donde se domina el Valle de la Mahía y parte del de Barcala, se encuentran los restos de una histórica fortaleza de origen medieval. Por su estratégica situación, no es de extrañar que este alto denominado de A Torre, a 292 m de altura, albergara asentamientos desde épocas primitivas. Así lo atestiguan los restos encontrados de un poblado castrexo que descansan sobre las ruinas de los muros de la fortaleza. En el siglo IX se construyó el primitivo castillo.

Poco duró la primera construcción de la que nada se conoce, pues en el año 1073, Gonzalo de Moscoso, hijo de Veremundo, Conde de Altamira, lo derribó. Aquí comienza la relación de la familia con este castillo. El linaje de los Moscoso, proviene del siglo VII o quizás desde el reinado de los suevos, convirtiéndose en una de las familias más representativas de la historia de Galicia. Con grandes dificultades por las prohibiciones del arzobispo para la construcción de fortalezas en la Terra de Santiago, el castillo fue reedificado por segunda vez, hasta que en el año 1468, como no, los Irmandiños, arrasaron lo que llegó a ser un implacable bastión. Durante la década anterior había pertenecido a la familia de los Moscosos, propietarios también de otro mítico castillo, como lo fue el de Vimianzo.

Después en 1471 y gracias a la batalla de Altamira que enfrentaba a los nobles gallegos frente al clero, Lope Sánchez de Ulloa y Moscoso, hasta hora Vizconde de Finisterre, se autonombró conde de Altamira, creando así el condado del mismo nombre. Este dotó a la fortaleza de una torre que en años posteriores se convertirían en seis. Eran de planta cuadrada y rematadas con troneras y aspilleras y contaban con una garita. La torre del homenaje dominaba desde el centro el conjunto. Constaba de tres plantas con cubiertas de madera menos la última cuya cubrición era de bóveda de cañón. Alrededor de esta se encontraba el palacio y la capilla de los Reyes Magos donde los nobles realizaban enterramientos.
En el siglo XVII los condes se trasladaron por comodidad al cercano Pazo de Tralouteiro y el castillo comenzó su deterioro. Dos siglos después sus piedras fueron objeto de venta para hacer casas particulares y cobertizos e incluso se utilizaron para completar el Santuario de Santa Minia.

EL castillo se encuentra bajo la protección del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

En la actualidad el conjunto se haya bastante deteriorado y las malezas amenazan sus piedras. Ninguna información más que una placa indicativa de dirección.

Localización – Mapa

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