Fornelos de Montes

Nuestro viaje por Fornelos de Montes

Ayer visitamos un concello que siempre nos sorprende con nuevos tesoros, Fornelos de Montes. Ya habíamos descubierto el Monte da Cidade un lugar que os recomiendo con una ruta preciosa y uno de nuestros primeros sitios en la página, la maravillosa Fervenza de Casariños de obligada visita, Los Petroglifos de Xampardiño, Pontella de Couñago, las Fragas de Barragán.… Pero a estos lugares teníamos muchas ganas de ir, ya habíamos colgado la noticia hace tiempo del descubrimiento del año 40 chozos y su historia, pero ya era el momento de conocerlos y de paso varios añadidos.

El añadido es que muy cerquita teníamos dos bienes patrimoniales sorprendentes, un foxo de lobo único en Galicia por sus características y un neveiro recién sacado a la luz.

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El viaje prometía y es que a nosotros el patrimonio gallego nos emociona y de qué manera! Os pondré en contacto con lo que vamos a ver de la mejor forma que sé, contado su historia.

LOS CHOZOS

Los chozos, ya estaban documentados 1550 pero es justo este año cuando una limpieza por parte de la comunidad de montes los deja a la luz. Pero probablemente te estés preguntando…

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¿Qué son los chozos? Los chozos forman parte de la arquitectura tradicional gallega ya que eran unas construcciones utilizadas por los pastores para resguardarse de las inclemencias del tiempo. Pero la curiosidad de estos es que sus dimensiones son muy bajas y su apariencia de dolmen y las inscripciones nos hacen situarlos unidos a la leyenda del Alén y es que ya somos muchos los que lo conocemos como la aldea de los muertos, A vila dos mortos. Los mayores cuentan que no encuentran ubicación para la leyenda del pueblo al que iban los ancianos a morir.

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¿Quizás estemos ante el lugar? Un lugar recogido al que todos partían para buscar el descanso en el abrazo del bosque, podría ser un lugar común de enterramiento ya que los chozos propiamente utilizados para el pastoreo no suelen contar con este número (por lo general los chozos suelen verse solitarios en la montaña y sus dimensiones suelen ser mucho más grandes).

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Nada más llegar un hueso nos señala el camino como una mueca a la leyenda, decidimos dejar la aldea para el final y descubrir antes el foxo do lobo.

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La niebla gallega lo cubre todo, el agua baja a sus anchas por los caminos que se vuelven impracticables en algunos tramos y aunque somos siempre precavidos hoy las botas se han olvidado y así hemos sentido más que el tiempo siempre acompañó los pasos del gallego.

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Galicia tierra de los mil ríos que nacen en cada esquina del recorrido volviendo aún más verde si cabe mi tierra, nada nos desvía del camino y poco a poco encontramos la buena señalización que nos va llevando cada vez más arriba.

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La niebla nos tapa la vista, pero sabemos que desde aquí las vistas han de ser espectaculares, habrá que volver, el lugar lo merece y lo hacemos otra vez por la tarde, masoquismo del puro pero del consentido y porque estamos locos de amor por lo que la tierra ofrece.

FOXO DO LOBO

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Cencerros se escuchan a lo lejos, percibimos que la naturaleza ha llegado antes y entendemos que es su territorio ya conquistado hace muchos años, seguimos con la banda sonora de esas campanas para encontrarnos ante lo más maravilloso que el hombre construye, los muros ese patrimonio inmaterial que se une formando un puzle sin sujeción alguna y cada piedra colocada sobre otra por el mejor constructor hace equilibrio en el tiempo.

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Se convierte en una obra de arte con sus formas, cada una encaja a la perfección y nada lo destruye, incluso el paso del tiempo que adorna las piedras no consigue hacer que se tambalee la obra de los ancestros.

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Y una vez aquí y contemplando semejante muralla de encierro nos preguntamos ¿cuántos lobos habría para hacer semejante obra en este paraje recóndito? Muchos! nos respondemos, ya que ésta no significó otra cosa que el intentar mantener a raya una población de lobos antaño más que numerosa.

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Hoy en mi tierra casi queda el recuerdo de tan bello animal, hoy en día su defensa es obligada y necesaria como parte del pueblo gallego. Su población ha sido mermada por las ganas de tener el hombre todo bajo control. Sus contados ataques al ganado han valido como escusa para casi borrar del mapa a una especie tan necesaria. Os pido que jamás se pierda un «qué viene el lobo» tan preciso para entender que ellos fueron primero y las tierras les pertenecen.

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Un lugar lejos de la mano de Dios en el que el olor a mojado lo inunda todo. Imposible el encontrar el neveiro, la espesa niebla no permite ver más alla de dos pasos y decidimos regresar por donde vinimos. El tiempo quiere que volvamos, ahora es su momento de cubrir y tapar lo que buscamos solo porque no es el momento de acercarnos, quizás los mouros nos han tapado la vista con su aliento gélido o las mouras tengan algo cocinando y el vapor lo inunde todo y nos eche por no estar invitados.

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Tierra de leyendas, de mágico tiempo, de patrimonio que enseña a crecer, tierra en la que siempre repites y se transforma al minuto y te transforma.

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Bajamos por el mismo sitio, cada vez la niebla es más cerrada y como suele pasar el «vas caer» se me vuelve, dejamos de saltar las piedras y me caigo en el agua fría y me imagino cuantas veces se habrán caído otros antes, y es que la tierra gallega es del que se cae y se levanta siempre.

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Llegamos al punto de encuentro y ahora elegimos la aldea. Todo cuesta abajo, luego ya tocará subir, nosotros lo haremos: Los que moran aquí quizás nunca hicieron el camino de regreso.

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El sitio transmite paz, la muestra del destapar se amontona a los lados como quien se quita el velo y lo deja al lado y ya observamos a lo lejos el primer chozo, como de cuento maquillado en verde musgo espera a que nos acerquemos.

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Guarda su esencia, todo como estaba, su morador ya no está pero se percibe que su estancia fue de retiro.

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Alrededor van apareciendo los chozos, medio a esconder como el que quiere que lo encuentres pero antes buscando. Me doy cuenta de que este lugar lejos de ser solitario es un cúmulo donde antes hubo mucha vida.

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Las raíces de mi tierra se posan en este mágico lugar que me llevo en el corazón. Toca volver a casa sin pena decidido está el regresar por la tarde, la excusa descubrir el neveiro, la verdad volver a poner los pies en este único y misterioso lugar.

NEVEIRO

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Temprano casi con la comida a medio digerir emprendemos el viaje más o menos una hora al punto de partida donde comenzó la mañana, donde la terminamos. Y el tiempo se porta aún mejor pocas nubes, una luz preciosa y ya estoy deseando volver a subir y contemplar las vistas adornadas con la estructura del Foxo do lobo.

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Subimos más ligeros, menos agua en el camino, ya conocidas cada una de sus piedras en un momento se abre ante nuestros ojos un paisaje paraíso y no podemos hacer otra cosa y maravillarnos con lo bella que es Galicia.

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Cual muralla China contemplamos mejor el recorrido de los muros del Foxo del lobo, las entradas para los lobos dos, los cencerros sonoros ya tienen cuerpo apacible pastando, contemplando los nuevos visitantes de sus dominios.

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Ahora a lo lejos ya contemplamos el letrero, lo que indica que donde antes no lo percibíamos se encuentra el neveiro y por fin lo visitamos y damos por finalizado el viaje siempre con la continuidad de querer volver porque a lugares como éste nunca se cansa uno de regresar.

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Y en esa cruz sagrada damos el mejor de los votos todo por nuestra tierra y esto siempre.

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